Programa del PCR-RCP Canadá (X): La senda revolucionaria en Canadá: Guerra Popular Prolongada

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10. La senda revolucionaria en Canadá: Guerra Popular Prolongada

La burguesía Canadiense ha jugado, de un tiempo a esta parte, un papel completamente inútil. La época en la que fuese una clase históricamente progresista ha terminado. Todavía es, qué duda cabe, una clase enormemente poderosa, pero su carácter es sobre todo marcadamente reaccionario y parasitario. Consigue permanecer en lo más alto únicamente explotando al proletariado, poniendo todos sus recursos en su contra.

En Canadá nos encontramos en el momento histórico de la preparación para la transición al socialismo. La dictadura del proletariado debe ser establecida. No son necesarias etapas previas de revolución democrática o anti-imperialista que pudiesen justificar un retraso en la lucha por el socialismo.

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El objetivo del movimiento proletario es destruir el estado burgués y todas sus instituciones. Lo es, también, la liquidación de la propiedad privada de la gran burguesía. Podremos entonces organizar a la sociedad con el fin de permitir al proletariado y a las masas asumir el liderazgo social colectivo que nos hará avanzar hacia el comunismo.

Una perspectiva de este tipo excluye de entrada cualquier posibilidad de una transición pacífica. El uso de la violencia es inevitable. Debemos planificar la preparación para una lucha revolucionaria que acabe con la burguesía.

A día de hoy, la burguesía, que supone una minoría de la población, impone su dominación sobre la inmensa mayoría del pueblo, especialmente sobre el proletariado. Consigue hacer esto, esencialmente, mediante el uso de la violencia. Este hecho no es siempre evidente, ya que la burguesía oculta la realidad detrás de una cortina de humo que llama democracia. Esto es posible debido a que hoy en día no existe ninguna oposicion a la dominación de los burgueses. Sin embargo un único hecho, por aislado que sea (como el levantamiento de la nación Mohawk en Kanehsatake en 1990) , puede ser suficiente para obligar a la burguesía a mostrar su verdadera naturaleza.

Es principalmente a través del estado, su aparato político, ideológico, burocrático, judicial y especialmente su fuerza policial y militar, como la burguesía mantiene su dominación. Para derrotarlo, el proletariado debe hacerle frente. Deberemos enfrentarnos y derrotar al estado. Para ello tendremos que usar violencia revolucionaria contra violencia reaccionaria. La violencia revolucionaria será necesaria para enfrentarse a la represión de los explotadores, pero también para destruir el aparato del estado y para establecer y defender el nuevo estado de la dictadura del proletariado.

La experencia histórica ha demostrado una y otra vez que la anhelada “transición pacífica al socialismo” de los revisionistas no es más que una sangrienta y dañina ilusión. Es una falacia que sólo nos prepara para la derrota. ¡El imperialismo burgués jamás cederá su poder sin antes luchar!

Al defender la idea de que se puede alcanzar el socialismo sumando una serie interminable reformas y “mejoras progresivas”, o simplemente dejando obsoleto el capitalismo mediante un “enorme progreso”, los reformistas no hacen otra cosa que extender falacias. El resultado principal de sus acciones, sin embargo, es el de dar a la burguesía una herramienta alternativa de lucha cuando ésta se encuentra en su momento más desesperado.

Poco hay que decir sobre las organizaciones revisionistas, como el Partido Comunista de Canadá, que creen que pueden arrebatar el poder a la burguesía y construir un estado proletario utilizando las instituciones burguesas (consiguiendo, por ejemplo, que la gente vote a un puñado de candidatos comunistas), aliándose con “socialistas” y “liberales razonables” para formar una mayoría progresista en el parlamento: ¡la historía habla por si misma!

Un número cada vez mayor de proletarios Canadienses rechazan el sistema parlamentario. Lo ven como lo que es: un triste circo incapaz de crear ningún cambio real en la sociedad, y en el que con nuestra participación sólo conseguimos dar credibilidad a su farsa de proceso democrático.

Nosotros, los comunistas revolucionarios, declaramos: ¡Boicot a las elecciones! ¡Abajo con el parlamentarismo burgués! No buscamos mejorar las condiciones de nuestra explotación, sino acabar con ella lo antes posible, acabar con esas condiciones mismas y con todo tipo de opresión. Queremos destruir el poder del estado burgués. No deseamos mejorarlo o hacerlo más eficiente. Nuestro deseo es conquistar el poder político, ¡el poder político para el proletariado! Por ello debemos luchar una guerra revolucionaria. Por ello debemos prepararnos para enfrentarnos a la burguesía.

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Para alcanzar nuestros objetivos lo primero que debemos hacer es desprendernos del yugo impuesto sobre nosotros por la burguesía. Esto implica descartar las tácticas de la Izquierda oficial que desea mantener la política dentro de los límites de la legalidad burguesa. Ya sea el movimiento sindical en su conjunto, las asociaciones locales, la red de ONGs (Organizaciones No-Gubernamentales), las organizaciones que se dirigen a los pobres pretendiendo ayudarles con comida y ropa, los partidos reformistas o aquellos que pretenden ser revolucionarios como el CPC (Partido Comunista de Canadá) o el CPC-ML (Partido Comunista de Canadá Marxista-Leninista), los Trotskistas que no sobrepasan los límites impuestos por la burguesía: todos ellos situan sus acciones dentro del sistema capitalista y se niegan, sean cuales sean sus intenciones reales, a salir de ahí.

En oposición a la Izquierda oficial que se mantiene en la legalidad burguesa y que deja que sus acciones sean definidas por las estructuras burguesas, nosotros proponemos un boicot al estado. Proponemos boicotear sus instituciones, todos sus “consejos administrativos” y organismos de administración que nos incitan a tener que decidir las condiciones de nuestra explotación. Proponemos, también, boicotear todos los organismos de cooperación, entre el estado, los sindicatos y la patronal, que cada vez son más numerosos y cuyo único propósito es hacernos pensar como a la burguesía. Proponemos, por supuesto, boicotear las reglas burguesas, sus partidos y su sistema parlamentario.

Para que tenga algún efecto, un boicot de este tipo debe ser realizado de forma activa. Debe basarse en el claro objetivo de trazar una línea divisoria entre ellos y nosotros, de resaltar nuestra existencia como clase social. Esta diferenciación se ofusca hoy en día con nebulosos términos como “sociedad civil”. Al aislar política y socialmente a la burguesía, el boicot del estado nos ayudará a demarcar claramente a los dos bandos en contienda: el bando revolucionario y el reaccionario.

Hablar de socialismo y revolución en Canadá, como ya hemos dicho, implica necesariamente hablar de violencia, de la lucha armada entre las dos grandes clases sociales que deberán enfrentarse. Sobre todo, esto significa que deberemos prepararnos de forma concienzuda ante esta inevitable confrontación.

Históricamente, la mayoría de corrientes revolucionarias con algún tipo de experencia en la lucha armada o que al menos han reconocido la necesidad de dicha lucha en los países imperialistas, incluyendo a Canadá, han estimado que dicha lucha tendría dos fases principales. Esas dos fases estarían completamente separadas la una de la otra. Primero, habría un largo periodo de lucha dentro de la legalidad; luego, la fase de insurrección, seguida de una guerra civil, que no debería de durar demasiado. De esa forma concluiría el derrocamiento de la burguesía.

Al centrarse únicamente en la lucha dentro de la legalidad, “prolongada y llena de dificultades” (como suele decirse), los comunistas de los países imperialistas contribuyeron a mantener al proletariado en un marco de estricto respeto por la legalidad burguesa. Por otra parte, previnieron que el proletariado se preparase para la lucha armada. Esta concepción extendió entre las masas una confusión muy dañina al no dejar que se preparasen ni para la revolución ni, tan siquiera, para la insurrección. Si analizamos la experiencia revolucionaria en los países imperalistas, esto es lo que podemos encontrar: al separar de forma estricta estas dos fases revolucionarias, el movimiento en general, casi sin excepción, olvida totalmente la preparación de la segunda fase.

Sin embargo, desde principios del siglo XX y con el desarrollo del Imperialismo, Lenin fue capaz de observar y prevenir los peligros del legalismo y trató de ayudar a los comunistas activos en los centros del imperialismo a romper con esta práctica: “Todos están de acuerdo en que el oportunismo no es fruto del azar, no es un pecado, un desliz, una traición de unos cuantos individuos aislados, sitio el producto social de toda una época histórica. Pero no todos se detienen a pensar en el significado de esta verdad. El oportunismo ha sido cultivado por el legalismo. […] Para un socialista no puede haber más que una conclusión: el legalismo puro, el legalismo exclusivo de los partidos “europeos” ha caducado y se ha convertido, en virtud del desarrollo capitalista de la fase preimperialista, en la base de la política obrera burguesa.” (La bancarrota de la II Internacional)

La revolución socialista no puede restringirse al momento de la toma del poder por el proletariado. Es, al principio, una lucha para derrocar a la burguesía, seguida del hecho concreto de su derrocamiento, seguido del trabajo para la construcción de una nueva sociedad; cada uno de estos pasos prepara el terreno para el que le sigue. Es un proceso histórico “prolongado y lleno de dificultades”, en donde la violencia no sólo juega un papel decisivo en ciertos momentos, sino que es parte fundamental y permanente del mismo.

Es posible que, al final, el proletariado tome el poder después de una fase de insurrección; llegado cierto punto, el capitalismo entraría en una crisis de tal calibre que la burguesía se vería incapaz de gobernan la sociedad por más tiempo; será entonces cuando las mases se levanten para derrocarla y tomar el poder. ¿Pero es realmente posible imaginar que la burguesía no percebirá el progreso de su enemigo interior en un país como Canadá, que cuenta con un estado poderoso dotado de la última tecnología de represión y vigilancia y que es vecino del mayor país imperialista del mundo? ¿Cómo podemos imaginar que la clase dominante se verá “tomada por sorpresa” y que el proletariado revolucionario conseguirá imponerse sin primero haberse preparado de la forma adecuada?

La preparación para la revolución no es una cuestión sobre la que debamos pensar de vez en cuando, entre dos huelgas o dos campañas electorales. Tampoco es simplemente algo que se puede mencionar de pasada como colofón a un artículo que estemos escribiendo. No es algo sobre lo que debamos empezar a pensar cuando la burguesía ya nos haya declarado la guerra de forma abierta. Prepararse para la revolución significa hacer planes concretos. Significa empezar a luchar en el plano político e ideológico ahora mismo. Como ya dijeran nuestros camaradas de las Células Comunistas Combatientes en Bélgica en un comunicado de 1994: “La función de los comunistas no es la de defender el funcionamiento democrático de la sociedad burguesa, es probar la viabilidad de la vía revolucionaria. Esto significa demostrar al proletariado que posee la capacidad militar para combatir y derrotar a la burguesía (aunque sea a pequeña escala).” (La Flèche et la Cible— traducción propia)

Para luchar correctamente contra la burguesía, debemos de aprender a luchar. El propio aprendizaje es también un proceso práctico que se puede conocer a través de la experiencia. Por práctica, no nos referimos únicamente a un ejercito profesional pequeño o grande (algo que a pesar de ser indudablemente importante sigue siendo insuficiente), sino a la experiencia combativa de las masas que jugarán el papel histórico principal en el proceso revolucionario.

Por todas estas razones, creemos que en Canadá la lucha armada por el socialismo y por la construcción del poder proletario tendrá necesariamente un carácter de masas. Haremos la revolución en Canadá a través de la guerra popular prolongada.

Mao Tse-tung ha aplicado sistemáticamente los principios de la guerra popular prolongada durante la revolución China. La línea militar que ha desarrollado tiene, bajo nuestro punto de vista, un carácter universal; es decir, es aplicable en todos los lugares, en todo tipo de país, de acuerdo con las condiciones específicas que prevalezcan. De entre sus principios, vale la pena mencionar:

  • El papel y la necesidad de la violencia revolucionaria en la transformación de la sociedad y la revolución de las relaciones sociales.
  • La participación de las masas como factor decisivo en la guerra.
  • El principio de la construcción de bases de apoyo que serán utilizadas para comenzar el proceso de transformación social antes de la toma del poder.
  • La construcción de un ejercito rojo dirigido por el partido (en contraposición a las teorías Guevaristas). Esto significa que el trabajo militar debe estar ligado al trabajo de agitación y propaganda, dirigidos por el partido.
  • ‘Todos los comunistas tienen que comprender esta verdad: “El poder nace de la boca del fusil”.’

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Estos principios se aplicarán de formas diferentes, de acuerdo con las condiciones específicas de cada país, la realidad de sus clases sociales y la fuerza de cada una de ellas. En los países oprimidos por el imperialismo donde los campesinos todavía son la principal fuerza para hacer la revolución y donde por lo tanto el núcleo de las fuerzas revolucionarias se encontrará en el campo (como en China, Perú, India y las Filipinas, por mencionar algunos casos), la guerra popular prolongada consiste en rodear las ciudades desde el campo. Los revolucionarios establecerán bases de apoyo que pondrán en marcha el estilo de vida proletario desde el principio. Esta nueva forma de vivir preparará a las masas para el futuro socialismo.

En Canadá, como en otros países imperialistas, la guerra popular prolongada transcurrirá principalmente en la ciudad y áreas urbanas. Es allí donde nacerá el incipiente poder proletario. El apoyo y participación de las masas serán, de nuevo, de la mayor importancia en este proceso. La revolución se construirá sobre una vasta red clandestina liderada por el partido.

La guerra popular prolongada transcurrirá a través de diferentes fases. Al comienzo la actividad legal será probablemente más importante que la ilegal. Sin embargo, la actividad ilegal tendrá cada vez más y más importancia hasta llegar al día en el que el proletariado pueda enfrentarse a la burguesía de forma masiva.

En cualquier caso, ya sea trabajo legal o ilegal, el principio que guía a los comunistas es siempre el mismo, la acumulación de fuerzas. No como fin en si mismo para amasar poder, sino con el objetivo de fortalecer a los revolucionarios y debilitar a nuestros enemigos. Los dos tipos de trabajo, combinados, deben llevarnos hacia la misma meta: hacer avanzar la lucha revolucionaria.

En el momento actual, cualquiera que pretenda seriamente liderar una revolución debe de trabajar por la construcción de tres importantes elementos: el partido revolucionario, el ejercito revolucionario, el levantamiento de las masas para la acción revolucionaria.

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