Programa del PCR-RCP Canadá (XI) – ¡Construyamos el partido comunista revolucionario del proletariado Canadiense!

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11. ¡Construyamos el partido comunista revolucionario del proletariado Canadiense!

Para hacer la revolución, se necesita un partido revolucionario. Sin un partido revolucionario, sin un partido creado conforme a la teoría revolucionaria marxista-leninista y al estilo revolucionario marxista-leninista, es imposible conducir a la clase obrera y las amplias masas populares a la victoria sobre el imperialismo y sus lacayos. Mao, 1948

La tarea principal de todos aquellos que deseen la destrucción de la burguesía Canadiense y el fin de toda explotación y opresión es la construcción de un nuevo Partido Comunista Revolucionario del proletariado Canadiense.

Desde que el viejo Partido Comunista cayese en el revisionismo y abandonase la lucha por el socialismo a principio de la década de los 40, el proletariado Canadiense ha sufrido de manera constante la ausencia de este indispensable elemento en la lucha por su liberación. Ha habido algunos intentos de reconstruir el Partido, especialmente durante los años 70 del siglo pasado; algunas organizaciones marxistas-leninistas asumieron dicha tarea con la mayor seriedad, pero sus esfuerzos fueron finalmente en vano. A día de hoy, el proletariado Canadiense está organizado y liderado por… la burguesía. Específicamente, por aquellos partidos como el NDP que la representan, están al frente de sus instituciones y se aseguran de que la lucha de los trabajadores se vea confinada a los límites impuestos por la clase dirigente.

El partido que estamos construyendo es completamente distinto a los viejos partidos de los trabajadores que hoy en día han alcanzado el respeto de la burguesía. También es completamente diferente a aquellos que, sacados del mismo molde, esperan su turno para reemplazar a los que ya están asentados en caso de que estos cayesen en desgracia. El partido que estamos organizando también es completamente diferente de aquellos partidos u organizaciones que, pretendiendo ser revolucionarias, comunistas o incluso “marxistas-leninistas”, sólo tienen tienen como objetivo la farsa electoral y/o el mundo parlamentarista.

No, el partido que estamos construyendo es un genuino partido comunista revolucionario. Es un partido de vanguardia que aúna a los proletarios más conscientes de sus intereses de clase y a todos los revolucionarios que apoyan la causa del proletariado.

¿Por qué construir un partido de vanguardia y no un partido de toda la clase, como sugieren los Trotskistas? Por la simple razón de que la historia nos demuestra que el proletariado, de forma espontánea, no va más allá en su pensamiento del reformismo o, en el mejor de los casos, el sindicalismo. El proletariado verdaderamente existe como clase social: esto es un hecho, sin importar la presencia de una conciencia de clase. Sin embargo sus ideas, su comprensión y su conciencia todavía siguen bajo el dominio de la burguesía, que penetra hasta el último recodo de nuestra sociedad.

La conciencia proletaria, de forma espontánea e incluso en su expresión más radical, no irá más allá de un espíritu de rebelión. Para que su conciencia avance de rebelión a revolución, la minoría de proletarios que ya poseen una conciencia revolucionaria (quizá debido a su experencia, pero más comúnmente por poseer algún tipo de formación teórica sobre la revolución) deben organizarse.

Todos somos conscientes de lo bien organizada que está la burguesía. Posee el aparato del Estado, una fuerza policial, un ejército y una serie de partidos politicos. El proletariado también está bien organizado, pero con frecuencia es la propia burguesía la que lo organiza. Esto debería ser suficiente prueba de la importancia que tiene para el proletariado una buena y sólida organización si quiere alcanzar sus objetivos.

Pero estar bien organizado no es suficiente. Necesitamos una declaración de objetivos, una perspectiva que nos guíe y declare quiénes somos y a dónde vamos; una visión del mundo que refleje nuestros intereses fundamentales y nos permitan romper con la perspectiva burguesa que moldea nuestras vidas y nuestro pensamiento.

Esta ideología proletaria se resume en lo que llamamos marxismo-leninismo-maoísmo. Es fundamental comprender la importancia de asumir el marximo-leninismo-maoísmo y no simplemente el Marxismo o el marxismo-leninismo. Creemos que las contribuciones de Mao a la ciencia revolucionaria del proletariado así como la experiencia de la Revolución China (y muy especialmente la Gran Revolución Proletaria Cultural) son experencias fundamentales que debemos considerar a la hora de distinguir a la línea revolucionaria de la línea revisionista y reformista. Por lo tanto, el marxismo-leninismo-maoísmo es la ideología de nuestro partido.

Pero el PCR se distingue de los partidos de las trabajadores burgueses no sólo en su ideología y su punto de visto político: también se distingue en su estilo y organización. La única razón de ser de nuestro partido es hacer la revolución y construir el socialismo, seguido del comunismo. Debe trabajar con las masas para conseguir que trabajen de forma colectiva como una clase revolucionaria. Debe asumir la responsabilidad de educar y organizar.

El partido lleva a cabo sus tareas educativas a través de la agitación y propaganda comunista, la publicación de artículos y revistas, distribución de panfletos, intervenciones públicas, la organización de grupos de estudio, etc. La agitación y propaganda no sirven únicamente para superar la ideología burguesa y sus puntos de vista y descubrir al capitalismo como la fuente de los males que afligen a las masas: también sirve para demostrar cómo el socialismo representa la única posibilidad real de emancipación del proletariado. Pero su función más importante es propagar la necesidad y la posibilidad de la acción revolucionaria, de una política netamente proletaria totalmente separada de la política burguesa.

La agitación, propaganda y educación son la única forma por la que un partido puede guiar y dirigir a las masas. Esto requiere un trabajo constante de organización, especialmente el reclutamiento progresivo y sistemático de los sectores más avanzados del proletariado.

Son los objetivos del partido los que determinan su organización. Aunque sólo sea por su oposición al parlamentarismo y el sistema electoral, el partido no busca en modo alguno la legalidad o el reconocimiento de la burguesía y su estado. El partido debe, sin duda, aprovechar todas las oportunidades posibles para desarrollar sus actividades de agitación y propaganda entre las amplias masas. Pero al mismo tiempo, como un partido netamente proletario y claramente separado de la burguesía y sus instituciones (y cuyo objetivo es la destrucción de esa misma burguesía), el partido comunista revolucionario se organiza de forma clandestina, evitando cualquier forma de control estatal, preservando su autonomía, su capacidad de actuar y la seguridad de sus activistas.

El partido comunista es una organización que aúna a la vanguardia, aquellos que llamamos proletarios revolucionarios. Es una herramienta de lucha, el cuartel general de la revolución. Uno no pasa a formar parte del partido simplemente por comprar un carnet de socio o porque alguien le ofrezca uno (como ocurre en los partidos burgueses). Para ser miembro del partido uno debe de estar inmerso en su actividad práctica, formar parte de una de sus estructuras de base (la célula); participar en las discusiones y la vida interna de la organización, contribuir a sus finanzas y la consecución de sus objetivos.

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El principio organizativo fundamental del partido, que se corresponde a su lucha particular en cualquier momento dado, es el centralismo democrático. Esto implica debatir de la forma más amplia posible cada cuestión y unirse firmemente para poner en práctica las decisiones tomadas de esa forma.

Dentro de las filas del partido, la lucha sobre una línea política no sólo está permitida (es, de hecho, algo habitual), sino algo que deseamos y apoyamos. Los comunistas saben bien que las ideas correctas no caen del cielo. Nacen en medio de la lucha contra las ideas erróneas.

Algunas veces, la línea política correcta, aquella que se corresponde con los intereses fundamentales del proletariado, puede ser únicamente defendida por una minoría, especialmente en algunas organizaciones. Así ocurrió en China antes de que Mao iniciase la Revolución Cultural. Por lo tanto la minoría siempre debe poder expresar su opinión y ser escuchada, debe poder luchar ferozmente contra la línea burguesa y reconducir al partido por la senda revolucionaria. Lo importante es que todo el mundo se esfuerze en implementar una decisión una vez que ésta haya sido tomada, en particular aquellos que duden de ella y hayan decidido combatirla en el seno de la organización. Es también una tarea importante evaluar la naturaleza de las contradicciones que se están desarrollando dentro del partido, y valorar si tienen una naturaleza antagónica o no.

De las tres herramientas que el proletariado necesita para su lucha revolucionaria, el partido es sin duda la más importante. Sin el liderazgo del partido marxista-leninista-maoísta, un ejercito revolucionario caerá en el aventurismo y el revisionismo armado. Tampoco podrá el movimiento de masas superar su justificado espíritu de rebelión y avanzar hacia la revolución.

¿Significa esto que la construcción de estas tres herramientas debe de ocurrir en tres etapas bien diferenciadas (primero, la formación del partido; segundo, la construcción del ejército; finalmente, la lucha revolucionaria de las masas)? No, de ninguna forma. La acción revolucionaria de las masas (liderada por su núcleo de vanguardia, incluso en sus primeros pasos hacia lo construcción del partido) y la construcción del aparato militar puede y debe ayudar a reforzar el componente político, el partido, en particular la incorporación en el mismo de los elementos más avanzados del proletariado.

El reafirmar la importancia del partido y su construcción sirve para no olvidar el carácter central de esta tarea. Centrar nuestros esfuerzos en las otras dos tareas olvidando el partido sería una pérdida de tiempo. Toda tarea emprendida, todos nuestros esfuerzos, deben tener como objetivo la creación y refuerzo del partido.

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