Acerca de la Guerra de Independencia contra la invasión napoleónica (1808-1814)

ACERCA DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA CONTRA LA INVASIÓN NAPOLEÓNICA (1808-1814)
De esta guerra contra la invasión de los ejércitos de Napoleón y de las gestas guerreras de nuestro pueblo que la hicieron posible, no se han sacado, ni con mucho, las enseñanzas, positivas y negativas, que encierra.
En 1808 el más fuerte imperio de entonces (Francia) decidió invadir España y Portugal creyendo que era empresa fácil dada la extrema debilidad del Estado borbónico y la facilidad con que logró comprar Napoleón a Carlos IV y a sus cortesanos. Pero Napoleón se olvidó de un “detalle”: el pueblo, las masas que espontáneamente se lanzaron a la insurrección armada y a la guerra de guerrillas contra los soldados invasores ocasionándole derrota tras derrota y obligándoles finalmente a retirarse en 1814.
Benito Pérez Galdós en algunos de sus Episodios Nacionales glosa la figura de los héroes populares surgidos en esta guerra (Juan Martín el Empecinado, el Alcalde de Móstoles, Porlier, Espoz y Mina …), las gestas heroicas que en ella sucedieron: insurrección de Madrid el 2 de Mayo, recogida por Goya en “Los fusilamientos de la Moncloa”, “Los Mamelucos” y otras obras, la batalla de Bailén, los sitios de Zaragoza y Gerona, etc.; también son dignos de estudio las contradicciones sociales y políticas que se desarrollaron en el seno de la sociedad española y en torno a la dirección de la guerra principalmente; el armamento general del pueblo y la guerra de guerrillas generalizada por toda nuestra geografía; la conciencia patriótica frente al invasor extranjero como aglutinador de inmensas fuerzas sociales, etc.
Por lo que se refiere al aspecto que nos ocupa, el genial Carlos Marx en su “España Revolucionaria”, nos ha caracterizado con gran colorido esa falta de perspectivas revolucionarias, esa falta de dirección consciente que todo el pueblo en lucha necesita, esa separación catastrófica entre teoría y práctica durante nuestra guerra patriótica de 1808 a 1814 contra Napoleón. Marx señala como las guerrillas fueron la base del armamento general del pueblo y canta, con admiración las hazañas de estas guerrillas contra las tropas invasoras, pero al referirse a los dirigentes políticos más característicos, tales como por ejemplo Jovellanos, el entusiasmo de Marx decrece “aún en sus mejores tiempos –Jovellanos- no había sido un hombre de acción revolucionaria sino un reformador bienintencionado que, por excesivo reparo en los medios a emplear jamás se hubiera atrevido a llevar las cosas hasta el fin.”
“La minoría revolucionaria –prosigue Marx- con objeto de estimular el espíritu patriótico del pueblo, no dudó en apelar a los prejuicios nacionales de la vieja fe popular. Por muy ventajosa que pareciera esta táctica … no podía menos de ser funesta para dicha minoría cuando llegó el momento propicio de parapetarse los intereses conservadores de la vieja sociedad tras esos mismos prejuicios y pasiones populares con vistas a defenderse de los planes genuinos y ulteriores de los revolucionarios. La falta de teoría revolucionaria impidió que el pueblo se liberase, en el transcurso mismo de la lucha, de sus cadenas ideológicas: “Las Juntas –prosigue Marx- fueron elegidas por sufragio universal; pero el celo de las clases bajas se manifestó en la obediencia. Generalmente elegían sólo a sus superiores naturales: nobles y personas de calidad de la provincia, respaldados por el clero, y rara vez personalidades de la clase media. El pueblo era tan consciente de su debilidad que limitaba su iniciativa a obligar a las clases altas a la resistencia al invasor sin pretender participar en la dirección de esa resistencia … Así las Juntas se vieron llenas de gente elegidas en virtud de la posición ocupada antes por ellas y muy distintas de sus jefes revolucionarios… Y así, estas primeras creaciones del impulso popular, surgidas en los comienzos mismos de la revolución, siguieron siendo durante todo su curso otros tantos diques de contención de la corriente revolucionaria cuando esta amenazaba desbordarse”.
“Desde sus comienzos –concluye Marx- la revolución española fracasó por esforzarse en conservar un carácter legitimista y respetuoso”.

Nota – Este texto fue publicado como Anejo I en el documento elaborado en 1977 por el Partido Comunista de España (marxista-leninista) en uno de sus “Cuadernos para el IIº Congreso” titulado “Algunas cuestiones acerca de la lucha armada, la insurrección y la guerra popular.” La transcripción de este texto la ha realizado Gran Marcha Hacia el Comunismo. Marzo 2013.

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