La triste herencia del chavismo – Editorial de “A Nova Democracia” (Brasil)

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Nota – La triste herencia del chavismo. Editorial del periódico brasileño A Nova Democracia, nº 106 – 2ª quincena Marzo 2013 http://www.anovademocracia.com.br/ La traducción al español es responsabilidad de Gran Marcha Hacia el Comunismo. Marzo 2013.

La muerte, el 5 de marzo, del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, profundizó la crisis política en el país y desafía la continuidad del proyecto de reestructuración del viejo Estado sin la presencia y carisma del excoronel que gobernó el país durante 12 años y tuvo el mandato renovado por más de 6 en la última farsa electoral, realizada en 2012.
Con su “socialismo del siglo XXI”, Chávez consiguió condensar a buena parte de las fuerzas del oportunismo en América Latina y también en otros continentes. Lanzó bravatas sin fin contra el imperialismo yanqui (al mismo tiempo que ampliaba los negocios con Rusia y China) y con eso consiguió simpatías fuera en el mundo, pero nunca dejó de abastecer a EEUU con más de la mitad de su producción de petróleo. Con los petrodólares en las manos, invirtió en políticas focalizadas de “distribución de la renta” y programas populistas que le garantizaron una relativa base social.
Y gracias a esa cierta popularidad y verborrea, gran parte de las organizaciones oportunistas del continente escogieron a Chávez como la figura de proa de una corriente, el “bolivarianismo”, que pretendía una supuesta integración latinoamericana que sólo existía en la cabeza de sus idealizadores.
Mismamente, en concreto, sabemos que no hay ninguna clase de socialismo en Venezuela, quedando descalificada la principal “realización” de Chávez. Ello, principalmente, porque no hay nada allí que recuerde que los medios de producción pasaron a manos de los trabajadores. Bancos, fábricas, tierras, todo continúa en posesión del imperialismo, de la gran burguesía y de los latifundistas, al igual que los principales medios de comunicación, a los cuales Chávez tenía especial predilección de combatir, ampliando el alcance de su estilo propio de oportunismo.
Quizás, no tan particular, ya que la inversión estatal en mejora de la educación, por ejemplo, fueron aprendidos de Fidel Castro, en Cuba, país con el cual la Venezuela de Chávez mantenía estrechas relaciones y que también queda lejos del socialismo de que alardea, al contrario de lo que muchos piensan románticamente. Las impresionantes manifestaciones de masas, significativamente ahora, en el velatorio de Chávez, son consecuencia de la increíble máquina de propaganda, asociada a la corporativización de los sindicatos y de los movimientos populares.
Desde el punto de vista de los cambios radicales que los pueblos de las semicolonias tanto necesitan y del camino para hacerlas realidad, el mayor prejuicio que los oportunistas del tipo de Chávez pueden causar es dar vida al electoralismo y las ilusiones constitucionales. Las siglas de la “izquierda” electorera en Brasil no lo pensaron dos veces para afiliarse al bolivarianismo, defendiéndolo como ejemplo de constitución de un “gobierno popular” a través de las elecciones.
Es más, a los críticos del falso socialismo de Chávez, tratan luego de oponer, con una pretendida superioridad moral, una lógica mecánica y, por tanto, antidialéctica, siempre tachando a los críticos de derechistas. Y siempre algo así como: “si se está contra Chávez, se está a favor de EEUU”. Es el mismo método que utilizan los defensores del gobierno PT-FMI: “si está criticando al PT es porque es del PSDB”; o, para colmo, en Rio de Janeiro: “si denuncia a la policía es porque defiende el tráfico”.
Es con ese tipo de razonamiento tacaño y mezquino que se intenta descalificar cualquier oposición de sus políticas de sumisión al imperialismo travestidas de populares.
Es cierto que la fracción de la gran burguesía (la compradora) desplazada del poder porque Chávez privilegió a la otra (la burocrática) también hace las cosas más fáciles para esa gente. Principalmente el monopolio de la prensa hace el trabajo más sucio posible, dejando escurrir a todas horas la baba rabiosa.
Por encima de todo, es preciso colocarse al lado del pueblo y de sus intereses, que sólo serán conquistados a través de la lucha sin cuartel contra el imperialismo, la gran burguesía y el latifundio. Ese punto de vista es irreconciliable con aquellas personas o siglas electoreras que defienden una reforma, la “toma del Estado desde dentro” o la “transición gradual y pacífica” al socialismo.
No existe para las masas, tanto de Venezuela como de Brasil, al igual que para el pueblo de cualquier semicolonia, ninguna posibilidad de transformaciones profundas y radicales, o mejor dicho, de una revolución, a través del camino de las elecciones, de los pactos de gobernabilidad y de alianzas con viejas oligarquías. Esto lo demuestran muchos ejemplos en la historia.
La cuestión principal es la construcción del poder para el pueblo, pues como diría el gran Lenin: “Salvo el poder todo es ilusión”.-

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