Dimitri Manuilski – Engels en la lucha por el marxismo revolucionario (II)

Nota – Extracto del discurso titulado Engels en la lucha por el marxismo revolucionario pronunciado por Dimitri Manuilski en la sesión del 5 de agosto de 1935 en el VII Congreso de la Internacional Comunista celebrado en Moscú. Dimitri Manuilski, fue uno de los más destacados dirigentes de la Internacional Comunista, de cuyo Comité Ejecutivo y Presídium, lo mismo que del Comité Ejecutivo del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, fue miembro desde 1924. El texto ha sido tomado del libro VII Congreso de la Internacional Comunista, Cuadernos de Pasado y Presente, Siglo XXI Editores, México D.F. 1984, pp. 225-228. Presentamos ahora la segunda parte y la tercera lo haremos próximamente. La transcripción de este discurso la ha realizado Gran Marcha Hacia el Comunismo. Abril 2013.

En su lucha, tanto contra los oportunistas socialdemócratas como contra los anarquistas, Engels puso en primer plano el problema de la dictadura del proletariado, y en particular el problema de la diferencia radical entre el estado de los explotadores y el estado proletario. La teoría del marxismo revolucionario sobre el estado y la revolución, y en particular los magníficos bosquejos de Engels acerca del problema de la democracia proletaria en contraposición con la democracia burguesa, fueron genialmente desarrollados en los trabajos de Lenin y Stalin.
¡Qué irrefutable confirmación encuentra precisamente hoy, bajo las condiciones de la ofensiva de la reacción y del fascismo en los países capitalistas, la teoría del marxismo-leninismo sobre el estado, como órgano dela clase explotadora para mantener en la sumisión a la clase explotada! ¡’Qué afrentosamente se han esfumado en los cuatro puntos cardinales las mentirosas sutileza de los filisteos socialdemócratas sobre el estado como el “representante de los intereses del pueblo”, como supuesto conciliador de los intereses de las clases antagónicas y situado pretendidamente por encima de ellas! ¡Y como se confirman hoy, principalmente en los países fascistas, las palabras de Engels, de que el Estado son los destacamentos armados, la policía, los ejércitos, las cárceles y los tribunales! Los mercenarios fascistas del capital financiero, la “Gestapo”, las secciones de defensa de Hitler y Goering, las cámaras de torturas fascistas, los campos de concentración y los patíbulos: todo esto pone al desnudo la verdadera esencia del estado de los explotadores, que se arranca el oropel de la democracia burguesa y pisotea los últimos restos de los derechos y las libertades democráticas conquistados por los trabajadores en largos años de lucha sangrienta. ¿Qué dicen, ante la faz de estos hechos inexorables, los que, envileciendo y tergiversando el marxismo, rechazaban la senda de la revolución proletaria y, dl brazo de Noske y Severing, defendían al estado burgués de la acometida de las masas revolucionarias?
Contraponiendo la dictadura de la burguesía a la dictadura del proletariado, Marx y Engels lucharon toda la vida por la creación de un partido que pudiese conducir a las masas a la toma del poder y a la instauración de la dictadura proletaria. Después de la Comuna de París, todas las indicaciones de Engels acerca de las tareas primordiales del proletariado en la revolución socialista dan en el mismo blanco, es decir, aprovechar la experiencia de aquélla, experiencia que debía tomarse como base del programa de los nuevos partidos de masas del proletariado.
“Últimamente, las palabras `dictadura del proletariado´ han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!”, escribía Engels poco antes de morir, en el vigésimo aniversario de la Comuna de París. (1) Los bolcheviques fueron los únicos que incluyeron en su programa, ya en 1903, la reivindicación de la dictadura del proletariado. En 1917, citando las palabras de Engels y Marx sobre la experiencia de la Comuna, escribía Lenin:
“Pero nosotros continuaremos nuestra obra. Cuando revisemos el programa de nuestro partido deberemos tomar en consideración, sin falta, el consejo de Engels y Marx para acercarnos más a la verdad, para restaurar el marxismo, purificándolo de tergiversaciones, para orientar, más certeramente la lucha de la clase obrera por su liberación”.
Sólo los bolcheviques, bajo la dirección de Lenin y Stalin, fijaron como objetivo inmediato de la revolución proletaria la creación de un estado “del tipo de la Comuna”, completando la experiencia de la Comuna de París con la riquísima experiencia de las dos revoluciones rusas y supieron conducir a las masas de millones de proletarios y campesinos pobres a la demolición del estado burgués y a la instauración de la dictadura proletaria bajo la forma de los soviets.
Engels decía que la lucha de clases del proletariado cobraría su mayor amplitud cuando el proletariado empuñase en sus manos el poder y, por medio de su dictadura, acometiese la transformación radical de todas las relaciones de producción.
Hoy, en la sexta parte del mundo, el marxismo creador, en una lucha revolucionaria sin cuartel, en el gran laboratorio del trabajo y del pensamiento socialista, bajo la dirección de Lenin y Stalin, ha cobrado y cobra todos los días su amplitud histórico-mundial. El proletariado triunfante crea la época de que habla Engels:
“[…] el proletariado toma el poder político, y, por medio de él, convierte en propiedad pública los medios sociales de producción, que se le escapan de las manos a la burguesía. Con este acto, redime los medios de producción de la condición de capital que hasta allí tenían y da a su carácter social plena libertad para imponerse. A partir de ahora es ya posible una producción social con arreglo a un plan trazado de antemano”.(2)
Esto fue lo que hicieron los bolcheviques. Expropiaron a los capitalistas y a los terratenientes, libraron a las fuerzas productivas materiales y a la mayor fuerza creadora de la historia, al proletariado, de los grilletes del capital y sustituyeron la anarquía capitalista por el plan socialista.
Engels dijo:
“La apropiación social de los medios de producción elimina no sólo la actual inhibición artificial de la producción, sino también el positivo despilfarro y la destrucción de fuerzas productivas y productos que son hoy día compañeros inevitables de la producción y alcanzan su punto culminante en la crisis. Esa apropiación social pone además a disposición de la comunidad una masa de medios de producción y de productos al eliminar el insensato desperdicio del lujo de las clases actualmente dominantes y de sus representantes políticos”. (3)
Esto fue lo que hicieron los bolcheviques. En el país del proletariado triunfante, se ha acabado para siempre con la crisis y el paro forzoso, han sido liquidadas las clases explotadoras, parasitarias, no hay margen para ese derroche absurdo de los productos del trabajo, y, como resultado de la reconstrucción socialista de la economía nacional, reina por entero en el país el sistema socialista.
Engels nos habla de una “organización de la producción en la que, por una parte, ningún individuo puede echar sobre las espaldas de otro su participación en el trabajo productivo […] y en la que, por otra parte, el trabajo productivo, en vez de ser un medio de servidumbre, se haga medio de liberación”. (4)
Esto fue lo que hicieron los bolcheviques. De una maldición, que era bajo el capitalismo, el trabajo se ha convertido, en el país socialista, en una causa de honor, de valentía y de heroísmo, en la gran escuela de la emulación socialista, que alumbra nuevas formas de trabajo colectivo.
Los bolcheviques ponen en práctica los geniales esbozos de Marx y Engels sobre la necesidad de superar la contraposición entre la ciudad y el campo, sobre la distribución de las fuerzas productivas con arreglo a un plan, sobre la creación de las premisas para el desarrollo intelectual y físico del hombre en todos sus aspectos. Y estos bosquejos, asombrosamente proféticos, son encarnados en realidades de un modo concreto por los bolcheviques del partido y los que no pertenecen al partido, enriqueciéndolos con las ideas creadoras de las dos inteligencias más geniales de los tiempos contemporáneos, Lenin y Stalin, llenándolos con la experiencia viva de la lucha revolucionaria de las masas.
Engels decía que los hombres a quienes cabía la misión de destruir radicalmente las bases de la sociedad de los explotadores y construir la sociedad sin clases, la sociedad socialista, poseerían una fuerza excepcional de previsión teórica y una voluntad de hierro.
Eso es nuestro partido, el partido de los bolcheviques, con Lenin y Stalin a la cabeza, que la mirada genial de Engels supo ver, atravesando el velo de las décadas futuras.
Eso lo dijo Engels de los millones de hombres que han construido el socialismo en el país de la dictadura proletaria.
Ésa ha sido la salida a la palestra histórica de los hombres que realizarán en todo el planeta la gran meta esbozada por Marx y Engels.

Notas

(1) F. Engels, “Introducción” a La Guerra Civil en Francia, En Marx-Engels, Obras Escogidas, cit., t. II, p. 200.
(2) F. Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, EN Marx-Engels, Obras escogidas cit., p. 159.
(3) F. Engels, Anti-Dühring, t. III, cit., pp. 279-280.
(4) Ibid.,

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