En el 40º aniversario del golpe militar fascista en Chile

Nota –Al cumplirse hoy día 11 de septiembre el 40º aniversario del sanguinario golpe de Estado fascista militar en Chile, reproducimos a continuación el artículo “El pueblo chileno bajo la asesina bota del fascismo” de E. Odena, publicado en “Vanguardia Obrera”, órgano del Comité Central del Partido Comunista de España (marxista-leninista) [PCE (m-l)], nº 79, Octubre 1973, págs. 1 y 4. El PCE (m-l) defendió originalmente el marxismo-leninismo pensamiento Mao Tsetung. Posteriormente tras la muerte de Mao Tsetung, se adhirió en 1978 a la corriente dogmato-revisionista y antimaoísta liderada por Enver Hoxha y el Partido del Trabajo de Albania. El artículo ha sido transcrito por Gran Marcha Hacia el Comunismo. Madrid, septiembre 2013.

Víctima de la “transición parlamentaria y legalista al socialismo”…
EL PUEBLO CHILENO BAJO LA ASESINA BOTA DEL FASCISMO

El golpe de Estado fascista militar perpetrado por las fuerzas reaccionarias chilenas, en compinchamiento con el imperialismo yanqui, ha confirmado una vez más que ni las castas poseyentes, ni el imperialismo yanqui aceptan ni respetan en ningún caso la voluntad popular cuando ésta, incluso democrática y legalmente, pone en peligro sus intereses vitales.
Miles y miles de obreros y campesinos pobres han pagado ya con su vida la absurda y suicida ilusión de que, respetando la legalidad salida de unas elecciones organizadas por un gobierno reaccionario, vendido al imperialismo yanqui, las masas oprimidas y explotadas del pueblo chileno podrían desembarazarse legal y pacíficamente (por un simple triunfo electoral) de sus explotadores y de la dominación norteamericana.
Fundamentalmente responsable de esta trágica ilusión que tanta sangre y sufrimiento al PUEBLO CHILENO, es el llamado Partido Comunista de Chile, cuya degenerada y revisionista dirección, no solamente ha formado parte del gobierno de Allende, sino que, habiendo traicionado en toda la línea los principios del marxismo-leninismo, eran los más ardientes defensores de la transición pacífica y parlamentaria al socialismo; oponiéndose incluso por la fuerza a los que preconizaban la necesidad de la violencia revolucionaria para consolidar y defender las conquistas populares, llegando incluso a formar comandos que atacaron físicamente a nuestros camaradas marxistas-leninistas que denunciaban su revisionismo. Haciendo caso omiso de la experiencia de los últimos 50 años, que demuestra irrefutablemente que sólo mediante la violencia revolucionaria y la guerra popular las masas trabajadoras pueden conquistar y conservar el Poder, los cabecillas revisionistas chilenos no sólo no han combatido el legalismo y el pacifismo de los socialistas de Allende, sino que han sido los primeros en arrastrar a ese callejón sin salida el movimiento de masas chileno.
Entre los muchos errores políticos cometidos por el gobierno de Allende vilmente asesinado por los militares fascistas, está el haberse preocupado especialmente por conseguir el apoyo en el Parlamento y en la calle de las clases medias, haciéndolas concesión tras concesión, en detrimento, en muchos casos, de las justas reivindicaciones de las masas trabajadoras. Con esta política de titubeos y concesiones, no sólo no se consolidaba su ala derecha, sino que debilitaba y restringía su ala izquierda, lo que en la práctica era reforzar la posición de la extrema derecha que ha esperado el momento oportuno de ese proceso de debilitamiento de la base gubernamental de Allende para lanzar su criminal ataque.
Al mismo tiempo que las fuerzas y partidos reaccionarios violaban en todo momento la legalidad salida de las urnas que con tanto celo defendían los socialrrevisonistas, las castas reaccionarias chilenas apoyadas y orientadas por la CIA, la ITT, los servicios especiales del ejército yanqui, etc., utilizaban descaradamente el aparato del Estado, el Ejército e incluso el aparato judicial para sabotear o aplicar contra el pueblo las nuevas leyes promulgadas, lo que demuestra una vez más que ninguna clase puede gobernar verdaderamente sin contar con un aparato estatal, con un ejército forjado por la clase dirigente de dicho Estado –clase que no puede ser más que la burguesía e una u otra forma, o la clase obrera en alianza con el campesinado y demás clases populares.
Además, la política de titubeos y concesiones, también en relación con la cuestión del aparato estatal, de cara al ejército chileno, por miedo a salirse de una legalidad que violaba constantemente la reacción, ha permitido a las fuerzas fascistas de dentro y fuera de Chile tomar su sanguinaria revancha contra el pueblo.
El pueblo español que sufre bajo la bota del fascismo desde hace casi 35 años, y que ha sacado amargas lecciones de la derrota de 1939, repudia cada día con más fuerza las viles patrañas de la dirección revisionista de Carrillo e Ibárruri, que sin ningún pudor ni respeto por los sufrimientos y la sangre que esa derrota ha costado a nuestro pueblo, preconizan hoy también “la vía legalista”, el “evitar el caos” (la guerra popular), la “convergencia” con sectores fascistas y ¡hasta con el ejército franquista! Hace sólo unas semanas, la Sra. Ibárruri, señalando la experiencia chilena como ejemplo, proclamaba que al socialismo sólo se va mediante la democracia –añadiendo cínicamente- que así lo habían demostrado las revoluciones triunfantes durante los últimos 50 años (¡!), cuando la experiencia de la revolución rusa, e la china, la albanesa y otras demuestran hasta la saciedad todo lo contrario.
Pero hoy, la existencia de nuestro Partido, del Partido Comunista de España (marxista-leninista), ha vuelto a dar a las masas trabajadoras de España una justa dirección, un instrumento imprescindible no sólo para guiarle y organizarle en la lucha por la liberación, sino para conquistar el Poder y construir verdaderamente el socialismo.
Los obreros y campesinos pobres de Chile, todas las masas populares chilenas, están hoy pagando con ríos de sangre la traición de los revisionistas que, como Carrillo e Ibárruri, preconizan la alianza con el ejército que había sido forjado por la reacción y los servicios del imperialismo yanqui.
Nuestro Partido, todas las masas populares y patriotas de España, condenan vehementemente el criminal golpe de Estado de las fuerzas fascistas chilenas en connivencia con el imperialismo yanqui y la reacción internacional.
Nos solidarizamos con nuestros hermanos de clase de Chile, con los heroicos obreros y campesinos, con todos los combatientes antifascistas, con nuestros camaradas marxistas-leninistas que en tan duras y dolorosas condiciones continúan luchando. Su combate es el nuestro. Los enemigos son los mismos: el fascismo, el imperialismo yanqui y el revisionismo moderno.
Inclinamos nuestras banderas de combate en honor de los miles y miles de obreros y campesinos, de todos los patriotas y antifascistas asesinados por haber defendido su pan y su libertad, la independencia nacional, convencidos de que, al igual que el pueblo español, mediante su lucha revolucionaria, aleccionados por la trágica derrota sufrida, las masas trabajadoras chilenas conquistarán en definitiva su emancipación y su independencia nacional.

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