Con ocasión del 79º aniversario de la Revolución de Asturias de Octubre de 1934


Nota – Hoy día 5 de octubre se cumplen 79 años de aquel glorioso 5 de Octubre de 1934 cuando el proletariado y las masas populares de Asturias iniciaron y protagonizaron una de las mayores gestas revolucionarias de la historia del movimiento obrero mundial: la Revolución de Asturias de Octubre de 1934, tomando el poder en sus manos, constituyendo sus destacamentos de un embrionario Ejército Rojo y Comités Revolucionarios a lo largo de dos semanas. Tal y como señaló el Buró Político del Partido Comunista de España (PCE) una vez sofocado el movimiento revolucionario por las fuerzas represivas de la burguesía republicana:

“En el mes de octubre, una explosión revolucionaria de grandiosa envergadura ha estremecido hasta la raíz los cimientos del régimen burgués terrateniente. Millones de trabajadores se lanzaron a la batalla en todo el país, encendidos de indignación revolucionaria, frente al avance descarado de las hordas fascistas vaticanistas, y con el propósito de instaurar su propio poder.
La huelga general y la insurrección de octubre han sido el resultado del proceso de maduración de la conciencia revolucionaria de las masas, a través de la experiencia de cinco años de revolución. Las masas que el 14 de abril siguieron a los partidos pequeño-burgueses, radicales-socialistas, Esquerra, Orga, etc., y socialistas que, una vez en el Gobierno, defendieron los intereses de la burguesía y de los terratenientes, fueron comprobando, poco a poco, que la colaboración de clases, en régimen republicano como en cualquier otro, no llevaba al socialismo, como se les había prometido, sino al fascismo. Por otra parte, las masas veían como en la Unión Soviética había desaparecido el paro y la miseria, que no existía peligro fascista y se estaba construyendo victoriosamente el socialismo. Esos factores contribuyeron a la elevación de su conciencia de clase, lo que las hizo comprender que solamente la lucha abierta por el Poder, la lucha contra todo el régimen de explotación burgués-terrateniente –dejado intacto por la República-, podía impedir los avances de la reacción y del fascismo y terminar con la miseria, la opresión y el hambre. De esta forma, el forcejeo entre la fuerza de la revolución y las de la contrarrevolución fue agudizándose progresivamente, hasta transformarse en guerra civil abierta. Nuestra heroica clase obrera, al empuñar las armas, se proponía cerrar el paso a la reacción y al fascismo y conquistar el Poder para instaurar el Gobierno Obrero y Campesino.
Este fue el significado de las gloriosas jornadas de octubre.
(“Los Combates de Octubre”. Resolución del Buró Político del Partido Comunista de España sobre las batallas de octubre. Diciembre 1934.)

En este 79º aniversario de la epopeya de la Comuna de Asturias de Octubre de 1934, reproducimos el testimonio de un militante del PCE y protagonista de aquel episodio revolucionario – del que los comunistas marxistas-leninistas-maoístas debemos de seguir extrayendo lecciones- y publicado en “Biblioteca Mundo Obrero”, nº 0, Madrid, Octubre 1984, pág. 13 y del que lo hemos extraído. La transcripción es de Gran Marcha Hacia el Comunismo. Madrid, octubre 2013.

TESTIMONIO – JOSÉ CLAVERÍAS: “LO IMPORTANTE ERA QUE TENÍA ARMAS”
José Claverías, veinticinco años en 1934, participó desde los primeros momentos en la revolución. Nombrado jefe de las fuerzas armadas del barrio de La Calzada, de Gijón, tuvo que huir a la URSS tras la represión.
“Yo guardaba muchas relaciones con los socialistas, y pocos días antes del movimiento tuve una reunión con ellos. Allí me dijeron que, efectivamente, se preparaba la revolución social. Le comuniqué al comité local del partido, de Gijón, del que yo formaba parte. El día 5 me comunicaron que estuviera preparado, que contaban conmigo. Me dijeron “vete a casa a descansar, que ya te llamaremos en el momento preciso”. Estaba tumbado en la cama cuando, a las doce de la noche, se presentó allí un dirigente socialista de Gijón, que era además amigo de mi padre. Ambos se abrazaron, y el compañero le dijo: “José, ya tenemos la revolución social”. Mi padre tenía una pistola, y quería marchar para luchar. Pero yo me negué, cogí la pistola y me fui. Luego el comité revolucionario me nombró jefe responsable de las armas del barrio de La Calzada. Esa noche esperábamos las armas del “Turquesa”, y como no llegaban decidí coger un grupo e ir a ver al puerto de Gijón, el Musel, qué pasaba. Allí nos hicimos con cuatro fusiles, para luego tomar el cuartel de la Guardia Civil de La Calzada, de donde habían huido los soldados. De esta forma tomamos todo el barrio. Pero el día anterior se presentó en el Musel un buque de guerra que transportaba la séptima bandera del tercio, que desembarcó. Fuimos allí, y parapetados detrás de un muro alto les hicimos frente, a toda una bandera, con cuatro fusiles y dos o tres escopetas. Pero lo que menos importaba era que fueran ellos más numerosos, lo importante es que tenías un arma. Mientras aguantamos con las municiones, el Tercio no avanzó, y luego nos retiramos sin ninguna baja”.

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