Con ocasión del 41º aniversario del asesinato de José António Ribeiro dos Santos, primer marxista-leninista-maoísta portugués que dio la vida por la Revolución Proletaria y por el Comunismo

Nota: Hoy 12 de Octubre se cumple el 41º aniversario del asesinato del joven marxistas-leninista-maoísta portugués José Antonio Ribeiro Santos, militante de la Federación de Estudiantes Marxistas-Leninistas (F.E.M.L.), organización del Movimiento Reorganizativo del Partido del Proletariado (M.R.P.P.) para la juventud comunista estudiantil. El 12 de Octubre de 1972 el camarada José Antonio Ribeiro Santos, estudiante en la Facultad de Derecho en Lisboa, fue asesinado por un disparo de un esbirro de la PIDE* a las 5 de la tarde, en el anfiteatro del Instituto Superior de Ciencias Económicas de Lisboa durante una reunión de estudiantes. Su entierro en Lisboa fue una gran jornada de lucha contra el fascismo portugués. El Comité Lenin (Comité Central del M.R.P.P.) en su resolución “Todos los cuadros son servidores del pueblo” designó al camarada José Antonio Ribeiro Santos cuadro del M.R.P.P. Para honrar la memoria del camarada José Antonio Ribeiro Santos, primer marxista-leninista-maoísta portugués que dio la vida por la Revolución Proletaria y el Comunismo, reproducimos a continuación el Editorial escrito por las redacciones de los periódicos “Luta Popular” y “Bandeira Vermelha” del M.R.P.P. y de “Guarda Vermelha” de la F.E.M.L. Ha sido extraído de la edición de “Luta Popular”, órgano central del Movimiento Reorganizativo del Partido del Proletariado (M.R.P.P.), nº 9, Enero-Febrero 1973, págs. 12-14. La traducción al español es responsabilidad de Gran Marcha Hacia el Comunismo. Madrid, octubre 2013.

EDITORIAL
Por las redacciones de “Bandeira Vermelha”, “Luta Popular” y “Guarda Vermelha”

El asesinato, el 12 de Octubre, del heroico camarada JOSE ANTONIO RIBEIRO DOS SANTOS, militante intrépido de la Federación de Estudiantes Marxistas Leninistas (FEML) por un esbirro de la PIDE es un marco decisivo de la lucha del pueblo portugués contra la feroz dictadura de la burguesía, contra la explotación y represión burguesas, contra el Estado fascista. Un estudiante, un revolucionario, un marxista-leninista-maoísta es masacrado cobardemente a la cabeza de las masas por un lacayo de los explotadores, un funcionario de la policía política a sueldo del imperialismo y del colonialismo. Aunque los crímenes de la PIDE, la siniestra ejecutante de los designios más bajos de la represión de la clase burguesa contra el pueblo, se abatan selváticamente sobre las masas y en particular sobre sus mejores hijos, desde hace décadas –este odioso asesinato suena como una provocación mayor, un crimen insoportable. Se trata del primer disparo de una nueva guerra de muerte, de una nueva fase dentro de la gloriosa revolución del pueblo portugués.
La lucha de clases se extrema sin cesar, también en nuestro país. De un lado, la burguesía imperialista y colonialista, con toda la corte de sus abyectos lacayos, de la que se destaca por la abyección los traidores revisionistas del P”C”P y los neorrevisionistas de tantos grupúsculos provocadores que fingen agitar la bandera del marxismo-leninismo-maoísmo para mejor oponerse al marxismo-leninismo-maoísmo e intentar alejar al pueblo del camino de la revolución; de otro, las amplias masas del proletariado, del campesinado, de los intelectuales y estudiantes revolucionarios, del semiproletariado y de la pequeña burguesía urbana que, bajo la dirección de la clase obrera, marchan resueltamente hacia la victoria, en la lucha por el PAN, por la PAZ, por la TIERRA, por la LIBERTAD, por la DEMOCRACIA y por la INDEPENDENCIA NACIONAL –primera etapa en el camino del socialismo al comunismo. De un lado, los patronos, los ricachones, los latifundistas, los banqueros, los espías, los traidores y los provocadores; de otro el pueblo, con el proletariado al frente, dirigido por el Partido Revolucionario y orientado por la invencible bandera roja del marxismo-leninismo-maoísmo.
Pero, para completar el cuadro de la lucha de clases en Portugal, cuadro en que el antagonismo se desarrolla incesantemente, hay que colocar en primer plano la cuestión que distingue a los revolucionarios de los contrarrevolucionarios –la guerra colonial imperialista, con que la burguesía portuguesa e internacional pretende en vano sofocar, la gran e indomable guerra de liberación nacional de los pueblos oprimidos de Angola, Guinea y Mozambique. El pueblo portugués, aliado y hermano de los pueblos de las colonias en lucha, resiste con creciente determinación y valentía la guerra de destrucción, rapiña y genocidio perpetrada por la burguesía colonialista.
Impotente para detener las luchas populares, que ganan día a día en conciencia, organización y combatividad, el Estado fascista embiste con toda la fuerza que le resta. Esa fuerza e aún considerable, pero, en postrero análisis, manifiestamente inferior al del pueblo. Todos los policías, todas las cárceles, todos los ejércitos fascistas, ¿qué valen al final contra las amplias masas, cuando ellas se alzan como una tempestad, se unen y avanzan decididamente hacia la victoria? ¡El pueblo es fuerte, es invencible! Al fin y al cabo ninguna barrera le podrá impedir de hacer la revolución y de que triunfe en ella. La reacción tiene un aspecto terrible, pero intrínsecamente mucho más débil de lo que parece; a raíz de su relativa flaqueza y el poco apoyo del que dispone, el carácter y naturaleza antipopulares que le definen. Quien se oponga al pueblo y le hostilice será inevitablemente barrido de la faz de la tierra.
Asimilando esta verdad, el pueblo resiste con más y más determinación a los crímenes de la burguesía asesina. El pueblo comprende que sólo la lucha radical contra el enemigo de clase le podrá conducir a la victoria y le conducirá ahí ciertamente. En las fábricas, en los campos, en las escuelas, en los cuarteles, el combate de clases alcanza una violencia renovada y se suceden las victorias populares. La burguesía utiliza descontroladamente de su violencia contrarrevolucionaria y alcanza con salvajismo a las masas populares. Pero es una reacción de miedo y de flaqueza. La represión burguesa es el medio con el que la clase capitalista recurre para mantener e intensificar su dominación sobre el proletariado y el pueblo. La intensificación de la represión burguesa es el mejor revelador de la cada vez más encarnizada resistencia del pueblo a las arremetidas de la burguesía, la mejor confesión de las victorias del pueblo.
Siendo en principio una cosa más, el crecimiento de la represión burguesa significa también una cosa buena. Es la señal de que el enemigo está siendo alcanzado de muerte. Con sus crímenes de miedo, la burguesía está ella misma cavando la sepultura en que el proletariado la ha de enterrar. El crecimiento de la represión burguesa sobre las amplias masas, punteado con las canalladas más hediondas de los explotadores y sus lacayos, ¡va a la par con el progreso glorioso de la Revolución!
Para que ese progreso se amplíe, el pueblo precisa de enfrentarse valientemente a la represión, de oponer la violencia revolucionaria a la violencia contrarrevolucionaria, la Revolución a la contrarrevolución. La represión se vence respondiendo a cada agresión reaccionaria con certeros golpes revolucionarios, golpe a golpe, medida por medida. El pueblo es más fuerte, pero tiene que ejercitar, organizar, disciplinar y orientar correctamente su fuerza, ponerla en práctica, conquistar y materializar su superioridad. Una y otra se adquieren en la refriega, se gana en el combate contra el capital, sus esbirros y lacayos. Y se ganan a través de muchas pérdidas, de muchos mártires –como fue ahora el caso de nuestro querido camarada JOSÉ ANTÓNIO RIBEIRO DOS SANTOS.
En la guerra de clases que se agudiza a ojos vista y opone explotadores a explotados, opresores a oprimidos, contemporizar significa traicionar al pueblo. Las masas populares conducidas por su vanguardia marxista-leninista-maoísta, se atreven a luchar y se atreven a vencer. Sólo empeñándose heroicamente en la lucha, con determinación total, podrá el pueblo vencer. Si lo hace, vencerá sin duda.
Sin embargo, el enemigo sólo podrá ser completamente vencido, cuando la clase obrera disponga de su Partido Revolucionario marxista-leninista-maoísta, cuando las amplias masas del pueblo estén unidas y organizadas en el Frente Popular; cuando aparezca en escena el Ejército Popular. Sin esos instrumentos políticos, la victoria final sobre la burguesía, que comienza por la destrucción de su Estado y la instauración de la Dictadura del Proletariado, jamás será posible. Respecto a este punto, la segunda cuestión fundamental que se plantea ante el proletariado portugués en la hora actual, es esta: ¿cómo crear el Partido? ¿Cuál es la táctica, la línea política a seguir con ese objetivo) Algunos librepensadores juzgarán que el Partido del Proletariado portugués podrá ser extraído de sus cabezas, tal y como Atenea fue sacada del cerebro de Zeus; que un Partido se crea en un invernadero, en un apartamento de París o de Bruselas, a leguas de la lucha de clases en Portugal.
JOSÉ ANTÓNIO RIBEIRO DOS SANTOS, como verdadero marxista-leninista-maoísta, comprendió también que un Partido verdaderamente dispuesto y apto para conducir la revolución no nace de un decreto, sino que tiene que forjarse al calor de la lucha, en el centro de la tempestad que comienza a levantarse en nuestro país, en el seno del pueblo. Es ahí que es preciso estar para construir el Partido. Es ahí que viven y mueren los revolucionarios consecuentes. Fue ahí que vivió y cayó el primer mártir de la Revolución portuguesa, ostentando el honroso nombre de marxista-leninista-maoísta.
En esa tarde del 12 de Octubre, mientras los revisionistas pactaban con la PIDE, resguardaban a los esbirros de la justa ira popular y llamaban en socorro de un espía amarrado, el camarada Ribeiro dos Santos se colocó al frente de las masas, con decisión y valentía atacando la represión asesina. Los revisionistas dialogan con los verdugos profesionales de la burguesía y se alían con ellos para defenderse de las masas; al frente de las masas, los comunistas combaten el terrorismo fascista y lo vencen.
El Estado burgués fascista perpetró un crimen más contra el pueblo, el frío asesinato de uno de sus mejores hijos. El pueblo sabe reaccionar golpe a golpe. Y, en efecto, el pueblo ya agarró el reguero de sangre que le lanzó la burguesía asesina. En la calle, las masas populares vengan al camarada caído, y así honran de la única forma revolucionaria la memoria de un comunista consecuente e inquebrantable.
En nombre del MRPP, saludamos a todos los revolucionarios, a todos los hijos del pueblo que participaron y participan en estas grandes jornadas de lucha contra la represión, por la glorificación y venganza de un camarada asesinado por el Capital.
¡Llamamos a que todos los elementos del pueblo se unan, combatan duro contra la dictadura de la burguesía, la represión fascista y la camarilla marcelista, haciéndolos retroceder y dando la calle a las masas! Siempre más duro, siempre más fuerte (que más esbirros sean aislados y castigados, más policías castigados por las masas, más traidores denunciados.
¡Que el enemigo retroceda siempre, no le demos tiempo a recomponerse!
¡Nos esperan grandes batallas! ¡Seamos dignos de ellas!
¡VIVA EL HEROICO CAMARADA RIBEIRO DOS SANTOS!
¡VIVAN LAS GLORIOSAS LUCHAS DEL PUEBLO PORTUGUÉS!
¡VIVA LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICO POPULAR!
¡VIVA LA FEML! ¡VVA EL MRPP!

(*) La PIDE era la policía política bajo el régimen fascista portugués.

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