Guión de la película soviética “Lenin en Octubre” (1937)

Nota: El pasado 7 de Noviembre se cumplió el 96º aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, que dirigida por el gran maestro del proletariado V.I. Lenin, aplastó el aparato del viejo Estado a través de la revolución violenta y fundó el primer Estado de dictadura del proletariado en la historia de la humanidad.
Con este motivo, reproducimos a continuación un amplio extracto del guión de la película soviética “Lenin en Octubre”, dirigida en 1937 por Mikhail Romm, que contó con A. Kapler como guionista y el actor B. Chtchoukine en el papel de Lenin. El texto ha sido extraído de “Lenin y el Cine”, Editorial Fundamentos, Madrid 1981, pp. 84-93 y ha sido transcrito por Gran Marcha Hacia el Comunismo. Madrid, noviembre 2013.

LENIN EN OCTUBRE

La última noche del capitalismo ruso fue fría
Algunas llamas alumbran la plaza del Instituto Smolny. El reflejo de las llamas brilla en la oscuridad en los gatillos de los fusiles, el cañón de las ametralladoras, en un rostro serio.
Los cañones, las auto-ametralladoras, llegan. Constantemente afluyen nuevos destacamentos de soldados y guardias rojos.
La niebla invade la ciudad. Las antorchas parecen machas pálidas. Hace frío.
Un tranvía sale con estrépito de la oscuridad y se acerca a la parada. Está vacío. Muy poco iluminado. Se para un segundo y continúa su camino.
Lenin y Vassili suben al estribo. Ruidoso y bamboleándose, el tranvía se hunde por las calles oscuras de Petrogrado.
La cobradora va de pie, sujetándose a la barra y escrutando la niebla. Es joven, la nariz respingona, los pómulos salientes. El viento de octubre le arranca el foulard que le cubre la cabeza, le pega la falda a las piernas.
-¿A dónde va este tren? Le pregunta Lenin.
Vassili le coge la mano.
-Cállese.
Los ojos de Ilitch brillan, traviesos.
-Camarada, ¿a dónde va?
La cobradora, mira a la oscuridad atentamente:
-A encerrar.
-¿Por qué? ¡Todavía es pronto!
-“A donde”, “por qué”… ¿Has caído de la luna? ¿ Tú no sabes que hoy vamos a derribar a los burgueses?…

Delante de las columnas de Smolny, la multitud se impacienta.
-¿Cómo pasamos? Pregunta en voz baja Ilitch.
Enorme, rubio, sin gorro, Vassili se abre paso sujetando a Lenin por la mano como si fuera un niño.
-Camaradas, grita, ¿Por qué no dejan pasar? Ya no estamos en el antiguo régimen….
-¿Por qué no nos dejan entrar? Repiten a su alrededor.
-¡Sitio! Grita Vassili.
-¡Empuja! ¡Empuja! Grita la multitud.
Ilitch ríe. Con la espalda, aumenta la presión y grita:
-¿Lo conseguiremos!
-¡Lo conseguiremos! Gritan a su alrededor.
Los guardias rojos apenas pueden contener a la multitud.
-Camaradas, camaradas, un poco de disciplina, camaradas…
-Dejar pasar… grita Vassili…
-¡Lo conseguiremos!
Los guardias rojos son desbordados, la multitud se precipita en Smolny.
-Lo conseguiremos en todos los lugares, dice riéndose Ilitch.

El Smolny.
Mucha gente excitada circula por los pasillos. Lenin y Vassili caen en un mar de rostros impacientes. La multitud les arrastra a lo largo de la escalera, de una puerta a otra.
Finalmente, Ilitch se sitúa en el pasillo, al borde de una ventana:
-Voy a esperar aquí. Intente encontrar a los nuestros.
Vassili no tiene apenas tiempo para afirmar con la cabeza. Una ola humana le arrastra.
Así fue como el 24 de octubre, casi en plena noche, Ilitch está sentado en un pasillo del Instituto Smolny. La multitud se agita en torno a él.
Un viejo calzado con chancletas desgarradas.
Colchones agrupados.
La hirviente marea humana se desliza ante él. Las caras están excitadas, enfebrecidas, la cara de un pueblo revolucionario.
-Escucha, camarada…
Un joven campesino con un capote militar roti está sentado al lado de Ilitch.
-Escucha camarada, ¿no has visto a Lenin?
Lenin: No, no lo he visto. ¿Por qué?
-Dicen que está aquí, le confiesa el campesino.
-Es posible.
-Me gustaría verle.
-¡Hum!…
-Hemos discutido con los Kulaks. Dicen que es pelirrojo y con viruela. Pero yo creo que…
No es posible. Pienso que tiene una gran cabeza, que es grande, un hombre representativo.
-Lo siento, yo no puedo decirte nada en concreto.
-Claro… usted no lo ha visto… y el campesino le mira con compasión.
-Yo no le he visto.
Algunas personas acompañadas por Vassili se acercan a Ilitch y difícilmente se abren paso hasta él.
El campesino ve a Vassili y exclama al punto:
-¡Vassili Mikhailovitch!
Vassili: ¡Petka! ¿De la ciudad? –Pero, mudando de parecer, se vuelve hacia Ilitch. No tengo tiempo, hasta pronto.
-¿No has visto a Lenin? Grita el muchacho.
-Está aquí, responde Vassili.
-¿En donde?
-¡Míralo! Vassili señala al lado opuesto.
El muchacho (con avidez): Pero… ¿en dónde? ¿en dónde?

El Smolny. La sala en la que está el comité militar revolucionario.
Con una hoja repleta de la impetuosa escritura de Lenin, un hombre con capote militar dicta a la mecanógrafa:
-Decreto sobre la tierra…
Por la ventana se oyen disparos.
-El derecho a la propiedad privada de la tierra queda abolido sin ninguna remisión.
Vassili descuelga el teléfono.
-La administración… la administración… ¡en nombre de Dios! ¡la administración!
Vassili hace girar la manecilla del teléfono.
Las haciendas, -dicta la voz- con todo su ganado muerto o vivo…
-La administración … la administración…
Vassili vuelve a girar la manecilla, golpea la palanca.

La central telefónica.
Hay tiroteos. Las telefonistas corren por todos lados dando gritos.
Los junkers corren y disparan.
Una de las telefonistas se desvanece.
Hay gritos, aullidos. Tiros.
-¡Póngame con la ciudad!
Routkovsky arroja el receptor y coge otro:
-¡La ciudad! ¿la administración, la administración!
A su alrededor están los ministros del Gobierno Provisional. Las ventanas del Palacio de Invierno tienen echadas las cortinas.
-¡La administración! ¡La administración!
Vassili golpea la palanca.
-¡La administración! ¡Señorita!… ¡¿La administración?! Repite sin esperanza cuando, de repente, su cara se ilumina. ¿La administración? ¡Uno, ocho, tres! Deme la tripulación del Báltico…

La central telefónica. Tiroteo.
En el stand, entre innumerables hilos, con el revólver en la mano, los auriculares en los oídos, Matvéev está sentado. Grita en el aparato:
-¡Pero yo no sé en donde hay que meter el qué, y todas las chicas están desmayadas…!

Vassili se vuelve hacia Ilitch.
-¡Vladimir Ilitch! ¡La Central telefónica es nuestra!
Lenin asiente con un movimiento de cabeza: ¡no dudaba de la toma de la Central telefónica!
-Que nos den la dotación del Báltico.
Vassili vuelve de nuevo al aparto:
-¿Me escuchas, la Central? Danos la dotación del Báltico, Uno, ocho, tres. Lenin va a hablar.

Matvée, impotente, gira el contacto, mira a su alrededor.
-¡Espera a ver! Dice, parece que viene una chica!…
Se quita los auriculares y ayuda a una chica a llegar al stand. La telefonista solloza. Matvéev la sienta en una silla, la acaricia, la tranquiliza. Se oye de pronto una explosión.
-Escuche, señorita, vamos, ¡tranquilícese!, ¡tranquilícese, señorita!… ¡guapa! Denos la dotación del Báltico…
La chica continúa llorando, coge el contacto. De detrás del tablero sale un junker. Matvéev dispara. El junker cae.
-¡Oh! La chica se ha vuelto a desvanecer sobre el respaldo de la silla.
Matvéev la abraza, la vuelve a sentar.
-Vamos, tranquila… despacio… No pasa nada.
Acaricia la cabeza de la muchacha con la mano que sostiene el revólver. La muchacha vuelve, por fin, en sí.
-¡Vamos! ¡Calmaos! Deme la dotación del Báltico (observa algo al fondo de la sala). ¡Deprisa! Uno, ocho, tres. Aprisa, aprisa, pónganos en comunicación (se esconde detrás del tablero del stand). ¡Aprisa! ¡Aprisa!
La señorita ha conseguido la comunicación.
Un oficial sale corriendo de detrás del stand. Matvéev lo mata.
-¡Oh! –la muchacha vuelve a desmayarse.

El Smolny. Dzerjinsky se aproxima a Lenin.
-Vladimir Ilitch, ¡La estación Nicolaevski está tomada! Ilitch se vuelve rápidamente.
-El palacio, el Palacio. ¿Por qué no se ha tomado todavía el palacio de Invierno? ¡Qué se den prisa!

Salva ensordecedora del “Aurora”.
Bajo el Arco del Estado Mayor central, los guardias rojos avanzan sobre el palacio de Invierno.
Los atacantes son acogidos con un huracán de metralla. Las armas disparan a discreción.
Las ametralladoras crepitan detrás de las barricadas de madera.
Kiriline, al mando de los junkers, contraataca.
Se lucha en las barricadas.
Los marinos del Báltico se reúnen en la plaza. Se lanzan al asalto con la bayoneta calada.
Paso a paso, los guardias rojos avanzan.
El último bastión del capitalismo ruso –el Palacio de Invierno- defiende con rabia cada uno de sus escalones, cada una de sus puertas.

El Smolny.
Vassili se acerca a Ilitch.
-Vladimir ilitch, ¡es el momento!
Ilitch se levanta. Alguien le da la peluca.
-No la tire, Vladimir Ilitch. Todavía puede servir.
-No, mi querido amigo, los bolcheviques ya no tienen necesidad de esconderse en Rusia… Tomamos el poder por mucho tiempo… ¡En marcha!…
Un guardia rojo, jadeante, va hacia Lenin. Ilitch se vuelve hacia él:
-¿Qué! ¿Ha encontrado más fusiles?
-En la fábrica de Sestrroretsk… hay siete mil, dice el guardia rojo tomando aliento.
-¡Estupendo! Cogedlos. Y rápido, rápido,, ¡camaradas!
-Pero todavía no están terminado. Las culatas no brillan.
-¡Eso no importa!, dice Lenin. Brillarán luchando.

Se lucha en los pasillos del Palacio de Invierno. Los junkers se defienden detrás de las columnas.
Matvéev avanza y se da de narices con Kiriline. Dispartan al mismo tiempo. Kiriline cae.
Llegan los guardias rojos como si fueran un río de lava.

El salón ovalado del palacio de Invierno.
Los ministros están tristes sentados alrededor de la mesa. Muy próxima, se oye la explosión de una granada. Los ministros se levantan precipitadamente.
Una nueva granada hace explosión.
-¡Calma! Repite, muy nervioso, Routkovsky. El rumor amenazador de los “¡Hurah!” aumenta. Se oyen los pasos que se acercan, los gritos…
-¡Calma! Grita a sus ministros, con una voz histérica, Routkovsky.
Todos, llenos de pánico, se agrupan alrededor de la mesa. El ruido y los gritos se acercan.
Por fin la puerta se abre. Una multitud de soldados, de guardias, de marineros, invade la sala. La sala se llena rápidamente, y los ministros son estrechamente rodeados.
-¡Despacio, camaradas, despacio!, ordena Matvéev.
Los ministros se mantienen alrededor de la mesa con las manos en alto. Matvéev se quita su gorra, la pone sobre la mesa, deja su revólver al lado de aquélla y saca su peine y se peina.
-Ciudadanos ministros del gobierno provisional, -dice- en nombre del Comité militar revolucionario, declaro detenido a vuestro Gobierno provisional…
Tranquilos, ciudadanos, aquí no pasa nada terrible. Simplemente es la revolución proletaria.

FOLLETO “¡VIVA EL 95º ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE!” DE EDICIONES GRAN MARCHA HACIA EL COMUNISMO

Con ocasión de cumplirse el 96º aniversario de la Revolución de Octubre, recordamos que Gran Marcha Hacia el Comunismo publicó el noviembre de 2012 el folleto titulado “¡Viva el 95º aniversario de la Revolución de Octubre!”. El folleto contiene citas de Mao Tsetung sobre la Revolución de Octubre, extractos del capítulo 7 “El Partido Bolchevique durante el periodo de preparación y realización de la Revolución Socialista de Octubre” de la “Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS” (compendio redactado por la Comisión Central del P.C. (b) de la URSS según la versión castellana de Ediciones Lenguas Extranjeras, Moscú, 1939) y una selección de viñetas extraídas del tebeo popular chino “Lenin en Octubre”, editado originalmente en la República Popular China en 1970.

“¡Viva el 95º aniversario de la Revolución de Octubre!”
Ediciones Gran Marcha Hacia el Comunismo. Madrid, Noviembre 2012
24 páginas. 3 Euros.

Pedidos a: granmarchahaciaelcomunismo@gmail.com

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