Lo que nos enseña la lucha de clases en Bretaña – PC Maoísta de Francia / Organización Comunista Futuro Rojo

Nota: Hemos recibido de los camaradas del Partido Comunista maoísta de Francia el siguiente artículo publicado en su blog http://drapeaurouge.over-blog.com/ el pasado 12 de noviembre La traducción al español es una colaboración del camarada F. González para el blog de Gran Marcha Hacia el Comunismo. Madrid, noviembre 2013.

LO QUE NOS ENSEÑA LA LUCHA DE CLASES EN BRETAÑA
El estado actual de la lucha de clases en Bretaña nos aporta, al mismo tiempo que su carga de contradicciones, importantes elementos para saber cómo situarse y especialmente como actuar, en tanto que militantes comunistas.
La convocatoria de la manifestación de Quimper ha sembrado confusión entre muchos de nosotros, por su interclasismo y por la división que ha llevado a los sindicatos. Estos hechos nos obligan a analizar las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos como cosas muy diferentes. Es evidente que organizaciones patronales tales como el Institut de Locarn, Produit en Bretagne, la FDSEA y los cargos electos burgueses de Bretaña están manipulando. Igualmente, es inquietante cómo nuestros enemigos de clase utilizan con eficacia el movimiento de masas para defender sus intereses. Pero debemos evitar los análisis y las conclusiones simplistas, y ceñirnos a la prueba de los hechos.

La anarquía de la producción es responsable de la situación bretona
Bretaña sufre una grave crisis, inscrita en la crisis del capitalismo que corroe al Estado francés, tanto por sus características específicas como por las desigualdades en el desarrollo que han afectado a su tejido económico. La economía bretona está dominada por la agricultura y el cultivo, en torno a los que se desarrolla una monoindustria que los bretones sufren en términos de contaminación. No es extraño, en este contexto, ver cómo se desarrollan unos intereses inmediatos comunes entre diferentes clases que, en su esencia, tienen intereses contradictorios, algunos antagónicos. Trabajadores de la industria agroalimentaria, campesinos, cultivadores, transportistas, etc., están todos relacionados por un mismo sector de actividad.
Este interclasismo es también la marca de la anarquía en la producción capitalista, que implica una destrucción cada vez más grande de fuerzas productivas. La anarquía de la producción hunde amplias masas de la población en un porvenir incierto, y entre ellos a elementos pequeño-burgueses; pequeños productores, comerciantes, todos con miedo al impacto que pueda tener en su actividad económica la destrucción de empleos en el sector industrial. La ecotasa, que los empresarios han sabido colocar en el primer plano de la movilización gracias a sus capitales y al apoyo de los medios, no es ciertamente el objetivo de la lucha de los bretones y bretonas que se reunieron en Quimper ese día.
Reducir el empeño y el sabotaje por las masas de las barreras de ecotasa a una cuestión de «esclavos combatiendo por los intereses de su amos» (Mélenchon dixit) sería un grave error. Evidentemente, las masas no pelean por salvar la cara de sus patrones. Pero la realidad de una sociedad en la que reina la propiedad privada de los medios de producción es que estos tienen su vida en sus manos. Porque los trabajadores que temen por sus empleos, inquietos por el futuro, saben cómo responden los patronos a la tasa, como responden a la disminución de su tasa de beneficio: recortando efectivos. Es el mismo procedimiento de chantaje al empleo por el miedo a quedarse en paro que han usado los patronos de la cartelería comercial de Castorama y otros, para presionar a sus asalariados la patética campaña del «Yes Week-end», dirigiéndoles contra los sindicatos. Los trabajadores combaten por sus intereses inmediatos pero también por su futuro, para «vivir y trabajar en Bretaña», como reivindican. Si queremos conseguir el objetivo de nuestras luchas, si tenemos la firme intención de servir al pueblo, lo que es necesario tratar aquí es la cuestión del sistema capitalista en su conjunto, sus contradicciones en tanto que fuente de sufrimientos para el pueblo.
Por el momento, el gobierno burgués remite a los explotados a los eventuales «planes» y promesas para calmar a todo el mundo, esperando que la chispa no incendie toda la pradera. Pero nada va a cambiar para las masas bajo el régimen capitalista. Educarlas a fin de que comprendan esta realidad es una de nuestras tareas.
Cuando los «expertos» burgueses de los medios nos explican que el pollo francés no es suficientemente competitivo con el pollo brasileño, que las empresas industriales no han realizado las inversiones necesarias para resistir a la competencia alemana, está claro para nosotros que son los problemas de los burgueses. Ninguna subvención a los agricultores por parte de la U.E., ninguna ayuda del Estado a las empresas suprimirán la competencia mundial. ¡Creer en esas bellas promesas sería tan absurdo como pensar que los gobiernos puedan hacer desaparecer del planeta a Brasil o a Alemania! Hay que señalar con el dedo a los fundamentos de este sistema destructor de nuestras vidas: la anarquía de la producción, la competencia, la propiedad privada de los medios de producción y de intercambio, así como las consecuencias que todo ello tiene en nuestras vidas.

Mantener, en medio del caos, una posición proletaria
La CGT ha esgrimido la defensa de la independencia de los trabajadores para rehusar la participación en la manifestación de Kemper. Pero la CGT no es independiente desde un punto de vista de clase. Efectivamente, el hecho de organizarse entre trabajadores no basta para garantizar la independencia de clase. La independencia de clase es una cuestión ideológica, es adoptar la posición de los intereses del proletariado y romper con la de la burguesía. Desde luego, consignas como «defensa del empleo industrial», de «reindustrialización», sin hablar ya de «por el progreso social», o de encuentros con la patronal para «encontrar soluciones a la crisis», o comisiones tripartitas Estado-patronal-sindicalistas en las zonas industriales en vías de desaparición (Lacq), no son manifestaciones de independencia de clase.
Ni en Quimper ni en Carhaix había un campo autónomo del proletariado. La independencia de clase no se alcanza más que mediante la construcción de una organización política que sea firme defensora de una posición de clase. Sin ella, los sindicatos quedan bajo el dominio ideológico de la burguesía, al igual que las masas proletarias, obligadas por la dureza de la vida a responder a sus intereses inmediatos, no pueden tomar conciencia de sus verdaderos intereses. Solo el partido del proletariado, un partido comunista revolucionario que combata por el derribo del Estado burgués y por la socialización de los medios de producción puede llevar a las masas a ese nivel de conciencia. Dicho esto, las masas proletarias defienden cien veces mejor su independencia al rechazar el recorrido de la manifestación previsto dirigiéndose a los edificios gubernamentales que en las confortables manifestaciones economicistas en las que la CGT y otros les encierran.
En nuestra opinión, los militantes progresistas, sindicalistas y comunistas que han estado presentes en Kemper tenían motivos para estar en esta manifestación. Nadie ignoraba que los campesinos y los proletarios vendrían a pelear. Y allá en donde las masas se levantan, los comunistas deben estar a su lado.
Si la CGT señala, además de la presencia de organizaciones patronales, la de grupos de ultraderecha ¿no tiene la capacidad de hacer retroceder a los fascistas? La importancia del Partido se hace notar tanto más cuando los burgueses contaminan la conciencia de las masas con la ayuda de todos los partidos podridos. No podríamos abandonar a las masas, quedándonos a un lado para contemplar la lucha. No podemos dejar a los fascistas intentar abrirse camino en las luchas de masas. Mas vale lanzar a los revolucionarios al caos de la lucha que dejarlos vegetar en la impotencia, alejados de las masas a fin de preservar la «independencia» de los trabajadores. No existe un movimiento proletario puro, y nos toca a nosotros saber construir la unidad alrededor del proletariado.
Participar activamente en las luchas de las masas, aislar y denunciar a los cargos burgueses y la patronal, expulsar a los grupos de ultraderecha y apoyar la violencia revolucionaria del proletariado, de los pequeños campesinos y agricultores, explicar las auténticas causas de los sufrimientos del pueblo, aclararles la naturaleza de clase de este Gobierno y crear perspectivas de lucha; todo ello es lo que un Partido permitiría.
Nuestro papel es hacer emerger, dentro de este movimiento, la posición del proletariado. Ese posicionamiento se basa en que la patronal no ha esperado a la ecotasa para despedir, que se debe rechazar marchar detrás de aquellos que van a despedir luego, que hay que luchar y organizarse para defender los intereses de los trabajadores, con total independencia de clase. Organizarse en tanto que proletarios es no tener ya la vida en las manos del patrón, es dotarse de medios de resistencia y vencer. Es la única postura consecuente, porque el proletariado es la única clase que está totalmente interesada en la destrucción del sistema capitalista, la que desde el núcleo de la producción es más capaz de desarrollar una relación de fuerza con la burguesía. El proletariado es la única capaz de aglutinar a otras clases alrededor de sí. El interclasismo de este movimiento es el reflejo de la debilidad política del proletariado, el reflejo de nuestras debilidades.

Un estremecimiento en la clase obrera
Nos reímos de las manifestaciones “educadas”, “pacíficas”, que hacían decir a Sarkozy que «hoy, cuando en Francia hay una manifestación, no se entera nadie». La declaración común firmada por la CGT, Solidaires y FSU explica que «las acciones violentas tan aireadas por los medios no proceden de un movimiento social de asalariados». Siempre el rechazo de la legítima violencia de los explotados, rechazo omnipresente en los «participantes sociales» del Estado burgués. Los proletarios se alzan, y no hay nadie para transformar su combatividad espontánea en organización revolucionaria. Apoyamos los llamamientos a crear «los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil, a crear comités locales de lucha y de defensa de los asalariados amenazados por los despidos en toda Bretaña».
La uniones locales de CGT,Sud combativas, como las del Nord Pas de Calais, deben sentirse apoyadas en su voluntad de combatir lo que sucede en Bretaña. También allí el terreno es fértil para la lucha, y la alianza entre obreros y campesinos no debe tomarse a la ligera. La situación de eternos deudores de los agricultores, las contradicciones que les oponen a la patronal de la gran distribución y su capacidad de movilización hacen de ellos preciosos aliados del proletariado. No todos los campesinos están en la misma situación económica. Mientras que los campesinos ricos reciben numerosas subvenciones, los pobres se endeudan de día en día.
Los trabajadores de Tilly-Sabco que hundieron la entrada de la subprefectura de Morlaix, los de la imprenta VG Goossens en Marc-en-Baroeul, que rodearon su fábrica con bombonas de gas, son testimonios de una radicalidad que se deben poner como ejemplo. (una «independencia» de acción en la cual debiera inspirar la dirección de la CGT).
Los maoístas revolucionarios debemos aprender en la lucha y no temer al caos. Debemos reforzar nuestro trabajo en los sindicatos y en las luchas populares, en pro de la unificación de los revolucionarios en el Partido que la clase obrera necesita. Debemos llevar allá en donde estén las masas la posición del proletariado. Solo así será posible influenciarlas con las ideas comunistas, guiándolas a «asaltar los cielos».

¡Viva la lucha del pueblo bretón! ¡Que su revuelta se extienda por todo el Estado francés y sus colonias!

Partido Comunista maoísta de Francia / Organización Comunista -Futuro Rojo

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