“La Panadería” – Cuento proletario mexicano de José Gelada (1935)

 

 

Nota: Reproducimos a continuación el cuento proletario “La Panadería”, de José Gelada, extraído de la sección “Literatura Proletaria. Ensayos de obreros mexicanos” de la revista “Frente a Frente”, órgano de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) de México, nº 3, Mayo 1935, pág. 12.
“ “Cuentos Proletarios” –escribe la revista en la introducción a este cuento- es colaboración exclusiva de los compañeros obreros que actualmente forman parte de la Sección de Literatura de LEAR. FRENTE-a-FRENTE se propone al publicarlos estimular a la clase obrera y campesina de México en general para que se ejerciten en el manejo de un arma más de combate: “La literatura es un arma del proletariado en la lucha de clases”.
Esta Sección hace un llamamiento muy cordial a todos los miembros de Sindicatos, así como a las organizaciones de Campesinos, a fin de que le envíen sus composiciones por correo o asistan a sus sesiones todos los lunes en la 3a de San Gerónimo 53-A.
Compañero obrero o campesino, tu participación en el nuevo plan de 3 meses es necesaria. Debemos formar cuadros que defiendan la causa del proletariado armándose de una verdadera teoría revolucionaria.”
La transcripción de este texto la ha realizado Gran Marcha Hacia el Comunismo
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LA PANADERÍA
Hace un calor espantoso. Los cuerpos se mueven como en un infierno, y en los ojos duros, acerados, y en los rostros pálidos, sudorosos, resalta la tensión de la voluntad que es necesaria para no flaquear. Para lograr que el pan –caro y malo- salga a la venta. Mientras tanto, los hombres dejan allí su vida, su pobre vida de proletarios, que les es arrebatada lenta, dolorosamente por una explotación cada vez más abrumadora.
Uno de ellos habla:
-¡Las doce apenas! ¿Cuándo amanecerá? Y diciendo esto se clava de pico en la mesa… Pero el descanso es corto. Una voz resuena airada: -¡Levántate, holgazán! Pos entonces aqué veniste?- Y sigue el capataz volcando todo su acervo de malas palabras sobre aquel guiñapo que, como él, no es más que un pobre explotado.
Poco a poco vuelve a hacerse el silencio. Como el hombre ha reanudado tarea, la voz llena de ira cesa su violento gritar. Sólo se oye ahora el ritmo acompasado de la máquina revolvedora, al cual se une, de tiempo en tiempo, un crepitar de leños. De leños que en su cárcel de hierro parecen quejarse, regando en el interior del cocedero millares de hermosas chispitas rojas.
El trabajo sigue su curso. En los ojos de los hombres brilla, sin embargo, una lucecita de inconformidad. En cuanto al enfermo ni lo miran, tal vez ni les importe su desgracia. Los oídos de todos están puestos en el encargado de la panadería (quien en su liliputiense mentalidad considera a los obreros como sus enemigos), que les habla de fútbol, sin duda porque para él eso es lo más importante del mundo.
-¿Y tú, desgraciado –le dice a uno de ellos- a quién le vas? ¿Al NECAXA o al SELECCIÓN?…
Y sin esperar respuesta continúa:
-… Yo le voy al NECAXA, pues el SELECCIÓN no le sirve ni para el arranque…
La respuesta vino brusca:
-Poco me importan a mí tus chismes de fútbol; ¡soy desgraciado porque tuve la desgracia de conocerte, infeliz!…
Los demás ríen y el encargado refunfuña entre dientes una palabra y se va a dormir…
Mientras tanto han ido saliendo las “torteras”, que contienen esas diminutas bolas de pan que cuestan a “2 x 5”. Ante la esperanza de una buena “cocida” que les permita descansar un rato, todos se apuran y callan. Nadie se acuerda ya del enfermo (o como dice el encargado: ¡del vago!) Unos quejidos se encargan, sin embargo, de hacerles ver que entre ellos hay uno que es como el símbolo de su clase: una cara triste en un cuerpo marchitado por el trabajo. Con un noble impulso, de esos que a menudo brotan del corazón de los trabajadores, uno de ellos le dijo: “¡Acuéstate, mano, yo haré tu trabajo!” El pobre lanza un suspiro de satisfacción y se desploma como una masa inerte en un rincón.
El silencio de la noche es cada vez mayor. En aquel antro de tortura cobra más y más vigor la terrible acusación contra un régimen podrido, que será en no lejanos tiempos barrido para siempre.

JOSE GELADA

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