“¡Arriba niñas!” – 130º aniversario del motín de las cigarreras de Madrid

Nota – Las cigarreras, como se les llamaba popularmente a las obreras trabajadoras en las fábricas de tabacos, fueron de las pocas y primeras mujeres que en el siglo XIX en España dispusieron de un trabajo estable. Un trabajo muy duro el que realizaban aquellas mujeres, no dudando en movilizarse por sus derechos laborales, lograr unos salarios muchas veces equiparables a los de los hombres y defender sus condiciones de trabajo frente al patrono, frecuentemente a través de motines y huelgas. La prensa de la época recogía las noticias de estas luchas de las cigarreras no sólo por la combatividad que demostraban estas obreras, sino porque ellas rompían con el estereotipo de mujer sumisa y encerrada en el hogar que la sociedad burguesa otorgaba a la mujer.
“Desde finales de la década de los 80 del siglo XIX, las cigarreras españolas manifestaron en numerosas ocasiones su conflictividad con los patronos en forma de huelga. Sus protestas eran temidas, ya que eran muy alborotadoras, y paralizaban la vida de las ciudades. (…) En la última década del siglo XIX, y más concretamente éntre los años 1885 y 1890, se produjeron revueltas y motines de cigarreras en toda España. Las razones estuvieron en torno a las consecuencias de la progresiva mecanización de la producción, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, o bien, en torno a unas condiciones laborales que empeoraban en cuanto a sus medios de producción, a las exigencias por parte de la empresa de aumentar la productividad, y por lo tanto trabajar más horas al día y todos los días de la semana.” (Arantza Pareja Alonso, Liadoras de cigarrillos en Bilbao: esposas, madres y huelguistas, Vasconia, nº 38, 2012, pág. 311)
Hoy, 11 de marzo de 2015, se cumple el 130º aniversario de aquel 11 de marzo de 1885, cuando las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid, al grito de “¡Arriba niñas!”, se alzaron en lucha para protestar contra la posibilidad de que la automatización del proceso de elaboración del tabaco las dejara sin empleo, lucha que sacudió la capital española.
Reproducimos a continuación un amplio extracto de la crónica titulada “El motín de las cigarreras”, publicado en el diario federal “La República” de Madrid del 12 de marzo de 1885, que refleja el carácter rebelde de las cigarreras madrileñas en aquella movilización, que acabó con ocho cigarreras heridas en los enfrentamientos con las fuerzas del “orden” y la guardia civil y muchas de ellas presas, y que Gran Marcha Hacia el Comunismo hemos transcrito para nuestro bLog:

EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS
Reconoció por causa la creencia de que se trataba de introducir máquinas para la elaboración de pitillos. Anteayer por la tarde, corrió por los talleres la noticia de que habían llegado las máquinas.
-Todas, todas vamos a quedar en la calle, decían.
-Sólo tres mujeres pueden manejar la máquina que hace por sí sola los pitillos que nosotras hacemos en un día.
En los barrios de Embajadores y en todos los que habitan las cigarreras fue grande la agitación.
Ayer mañana, en vez de entrar en los talleres, las obreras comenzaron a formar grupos, que se colocaron desde luego en actitud hostil. Su propósito era entrar a viva fuerza en el establecimiento para buscar las máquinas.
-Nos quieren matar de hambre, decían.
-Nos quieren dejar sin trabajo.
-¡Hay que arrastrarlos!
-¡Abajo las máquinas!
Parte de los grupos lograron entrar en la Fábrica, invadiendo sus extensas salas. Otros se quedaron a la puerta, recibiendo a silbidos y pedradas a los guardias del orden público, que llegaron a las nueve y media. Los grupos de la calle se iban engrosando con los parientes de las cigarreras, que llegaban a prestarles auxilio.
Esto aumentó el motín. Los cristales caían con estrépito, los cajones eran convertidos en astillas, levantaban los ladrillos, destrozaban las sillas y, locas, en el colmo del furor, con el cabello en desorden, los trajes rotos, gritaban desaforadas:
-¡Las máquinas, las máquinas! ¡Queremos las máquinas!
Los empleados de la Fábrica quisieron dominar el motín, pero les fue imposible, y los que se pusieron a tiro, recibieron una lluvia de pedradas, pucheros y tablas que ocasionó varias contusiones.
No quedó dependencia sin ser visitada por las amotinadas, incluso el depósito en donde se guardan las muestras tipos de los contratos. En este punto destrozaron 8 cajones y rompieron las etiquetas de los fajos de las hojas de tabaco.
Su afán de romper cajones no tenía otro móvil que el suponer que tenían piezas de maquinaria.
También produjeron algunos desperfectos, de escasa consideración, en la puerta del taller antiguo de carpintería.
Los daños causados en el interior del edificio y la pérdida de tabaco que haya podido haber, se calculan en dos o tres mil duros.
Los destrozos mayores han sido en el laboratorio químico, en donde no ha quedado intacto otro objeto que una báscula. Todo lo demás ha sido triturado por las amotinadas.
Las pérdidas del laboratorio se calculan en mil duros aproximadamente.
De este gabinete químico pasaron las revoltosas –siempre buscando las máquinas que su fantasía había creado- al almacén de tabaco picado de Canarias y allí rompieron 16 barricas que contenían de 40 a 50 kilos de hoja picada, cada una, lo desparramaron por el suelo y lo pisotearon juntamente con el papel que suponían destinados para los cigarrillos hechos a máquina, y que estaba almacenado desde hace muchos años.
En unos de los almacenes inmediatos abrieron un boquete y por allí pasaron muchas al asilo inmediato, desde donde se fueron a sus casas.
En el taller en donde están las máquinas del picado han desaparecido algunas piezas, y en el sitio en que se encuentra la máquina motora rompieron un montante y dos piezas insignificantes de la misma máquina.
Como obedecían al impulso del odio contra todo o que se relacionaba con la maquinaria, el ingeniero Sr. Martínez fue maltratado y herido en la cabeza (..)
Los agentes del orden público, reforzados por la guardia civil, lograron volver a penetrar en la Fábrica, pero fueron segunda vez rechazados, teniendo la primera autoridad de la provincia que replegarse en la escuela de Veterinaria. Allí esperaron la llegada de nuevos refuerzos. Cuando llegaron fuerzas de caballería o infantería de la guardia civil, se intentó con éxito otro nuevo ataque a la Fábrica.
Las amotinadas oponían ya poca resistencia. Eran las dos de la tarde y estaban rendidas de fatiga y abrumadas de cansancio.
El no haber encontrado las famosas máquinas contribuyó a llevar sosiego a los agitados ánimos.
La guardia civil ocupó la Fábrica entrando en ella el gobernador y el director de Rentas. El aspecto que presentaba el edificio era el de un verdadero campo de batalla. Hasta la sólida puerta del patio había sido convertida en astillas. El patio grande estaba desempedrado, y con cajones y mesas se habían formado varias barricadas.
Tomadas todas las salidas y las bocacalles por la fuerza pública, quedaron encerradas todas hasta la llegada del señor ministro de Hacienda.
Dispuso éste se dejara salir a las de los talleres de puros, y que las 1.500 de pitillos quedaran detenidas hasta la llegada del juzgado.
A las tres y media se constituyó éste, que lo era el de la Inclusa, comenzando las actuaciones y practicándose minuciosa requisa por el juez y los señores director de Rentas, delegado de Hacienda, etc. Las puertas de comunicación de unos talleres a otros estaban derribadas, pero recogidas como de ordinario las sillas y los útiles de trabajar.
El Sr. Cos Gayón dispuso que las pitilleras lactando salieran a dar el pecho a sus hijos.
A las cinco de la tarde el Sr. Villaverde y el Sr. Vicuña, entraron en el Congreso, y dirigiéndose al señor ministro de la Gobernación, le dieron cuenta de que todo estaba terminado.
Se han hecho algunas prisiones, sobre todo de hombres, que han sido conducidos al Gobierno civil con fuerte escolta.
La calle de Embajadores y sus adyacentes, estaban a las seis de la tarde ocupadas por numeroso gentío. Fuerzas de orden público y de la guardia civil rodeaban la Fábrica. Las cigarreras que no han sido detenidas iban saliendo en grupos de cinco y seis. Según salían se detenían en las calles hablando y contando incidentes de la jornada.
Su espíritu belicoso no ha decaído y proferían amenazas para otro día.
Algunos grupos de cigarreras, al salir de la Fábrica, han intentado subir a las calles del centro. Los guardias de orden público lo han impedido, disolviendo los grupos.
Los detenidos parece que son tres: José Antigues, albañil, acusado de arrojar piedras a la guardia civil; Zacarías Zabalza, de disparar armas de fuego, y otro, cuyo nombre no recordamos, por desacato a la autoridad.
Han resultado heridos, José Rodriguez, guardia de orden público, de 81 años, en un brazo; el paisano Evaristo Vázquez, en la cabeza; los guardias Fermín Fernández y Juan García, en un brazo y en una pierna. Todos han sido curados en la Casa de Socorro, del distrito de la Inclusa.
El teniente de orden público, Sr. Raíz, fue curado en la misma fábrica por un médico de la mencionada Casa de Socorro, lo mismo que el cabo Pascual.
El portero mayor del establecimiento ha sido herido en la mandíbula inferior, y el ingeniero industrial Sr. Heber ha recibido una contusión en la cabeza.
Algunas cigarreras han resultado con contusiones (…). Se han adoptado precauciones para evitar la reproducción del motín.

(La República, Madrid, 12 de marzo de 1885)

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