Cuba: El socialismo ficción y el capitalismo verdadero. (IV) El nacionalismo como programa


Nota – Después de la publicación de El régimen político cubano (Revolución Obrera 424),  El régimen económico cubano (Revolución Obrera 422), y En Cuba: Diplomacia burguesa, negocios y mentiras (Revolución Obrera 421), reproducimos a continuación el artículo “El Nacionalismo como Programa”, cuarto de la serie titulada “Cuba: El socialismo ficción y el capitalismo verdadero”, aparecido en el órgano de los camaradas de la Unión Obrera Comunista (MLM) de Colombia Revolución Obrera nº 425, de 2 de abril de 2015:

CUBA: EL SOCIALISMO FICCIÓN Y EL CAPITALISMO VERDADERO
En la entrega anterior, dedicada al régimen político cubano, dijimos que sus gobernantes nunca han sido socialistas ni comunistas, por cuanto su programa está reducido, al igual que las guerras de liberación nacional dirigidas por la burguesía y la pequeña burguesía, a conquistar la independencia respecto del imperialismo yanqui; y nos propusimos dedicar esta entrega a explicar por qué ese programa nacionalista es utópico en la era del imperialismo; un problema ya resuelto por el movimiento obrero, ya que la liberación de los países oprimidos no es posible sin la trasformación revolucionaria de la sociedad.
IV. EL NACIONALISMO COMO PROGRAMA
Ya desde principios del siglo pasado, el movimiento obrero comprendió que en el paso del capitalismo a su fase imperialista se había dividido el mundo en un puñado de países opresores, explotadores, y una inmensa mayoría de países oprimidos, explotados. Que la política colonial de dominación directa propia de la fase del capitalismo de libre competencia, se había desarrollado hasta lograr la conquista de todas las tierras no ocupadas en el planeta por parte de los países desarrollados imperialistas; dando así paso a la lucha por un nuevo reparto del mundo ya repartido; donde impera el dominio de las asociaciones monopolistas de los grandes empresarios, el dominio a través de la red del capital, y se traduce en el sojuzgamiento económico, financiero y militar de países políticamente independientes por unos cuantos países imperialistas, esto es, en la dominación semicolonial de los países oprimidos con el yugo más pesado, más sanguinario, más explotador del capitalismo: el capital financiero.
La imposición de los monopolios en la economía capitalista, llevó a la monopolización política de la vida social, o sea, a que en la superestructura política de la sociedad la tendencia a la libertad, propia de los albores del capitalismo, fuera reemplazada por la tendencia a la subyugación, a la intensificación de la opresión sobre países y naciones.
De ahí que pretender resolver el problema de la liberación de los países oprimidos, por aparte y sin aniquilar el poder del capital en tales países, o antes de aniquilarlo, es política burguesa: luchar contra el imperialismo sin sobrepasar los límites del capitalismo. Se necesita derrotar a la burguesía y a los terratenientes, las clases socias y lacayas de los imperialistas en los países oprimidos.
Por consiguiente, el problema de la liberación nacional de los países oprimidos, pasó a ser parte del problema general de la revolución proletaria, de la lucha internacional del trabajo contra el capital, de la Dictadura del Proletariado y el Socialismo, único medio para suprimir la opresión de unos países y naciones sobre otros, para apaciguar la lucha nacional minando las diferencias, y proporcionar una nueva y superior base material para la igualdad nacional, la plena libertad de separación o de unión de las naciones, y la libertad de las naciones a existir como Estados independientes.
Derrocar a la burguesía y a los terratenientes para resolver el problema nacional en la época del imperialismo, es una condición “olvidada”, eludida y silenciada por el oportunismo y el reformismo pequeño burgués antiimperialista, en su vana pretensión de resolver la cuestión nacional del imperialismo de acuerdo con la burguesía y sin tocar su poder. La burguesía no puede resolver el problema nacional del imperialismo, porque ella misma es una clase opresora de pueblos, naciones y países; porque su política para unir a las naciones, es la política del imperialismo: explotación, opresión, anexiones, conquistas militares, preservación de la propiedad privada.
En ese sentido el proletariado no apoya el movimiento nacional por el solo hecho de ser antiimperialista, lo apoya y se alía con él, a condición de que sea un movimiento antiimperialista verdaderamente revolucionario, que no se oponga a la lucha obrera contra el capital, no impida su lucha y organización independientes, ni coarte la agitación y propaganda de su Programa en la educación y organización revolucionaria de las grandes masas populares, en especial de los campesinos para establecer con ellos una sólida alianza de clases.
Cuando esto se olvida o se ignora, se termina respaldando a nombre del internacionalismo proletario, el “antiimperialismo” burgués de la socialdemocracia europea o del bolivarianismo latinoamericano; justificando el apoyo a reconocidos dictadores que se dicen “antiimperialistas”, pero en realidad no son más que peleles de la lucha interimperialista; promoviendo el apoyo a determinados países imperialistas para enfrentar a otros, lo cual significa someterse y apoyar al imperialismo, como puede apreciarse ahora en la actitud de los partidos revisionistas y demócratas pequeñoburgueses frente a los conflictos en el Medio Oriente y Siria.
En esa línea nacionalista burguesa, los gobernantes cubanos se convirtieron en peones de brega del imperialismo ruso y no por ignorancia, porque justamente a principios de los años 60 el proletariado revolucionario, encabezado por el Partido Comunista de China, denunció a los gobernantes rusos como socialistas de palabra e imperialistas de hecho —socialimperialistas—, representantes de la nueva burguesía que había usurpado el poder en la Unión Soviética y se encontraba en la disputa por un nuevo reparto del mundo junto con el imperialismo yanqui y europeo.
Como instrumento del socialimperialismo, los gobernantes cubanos fundaron la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina – OSPAAAL, también conocida como “Tricontinental”, cuyo programa nunca ha ido más allá de “alcanzar la independencia y soberanía nacional de nuestros pueblos [se entiende que la independencia del imperialismo yanqui, porque minimizan a los europeos como enemigos y no consideran como imperialistas a los rusos y chinos] y así contribuir a un mundo de paz y de digna humanidad”, como dijera por estos días su Secretario Ejecutivo Internacional con motivo del 49 aniversario de ese esperpento. Tal fue la razón por la cual a la fundación de esa organización en el 66 solo fueron invitados los partidos revisionistas y algunas organizaciones demócratas pequeñoburguesas y no los partidos marxistas leninistas de la época.
Pero además, los gobernantes cubanos terminaron sirviendo de perros de presa en distintos países donde los imperialistas rusos disputaban territorio a los yanquis: Cuba participó en varias guerras en Asia (Yemen y Siria) y en África (Angola, Etiopía, Congo, Zaire, Guinea-Bisáu, República Árabe Saharaui Democrática) y dando apoyo económico, logístico y político a los partidos revisionistas y a varios grupos guerrilleros de la pequeña burguesía de América Latina, que terminaron todos, o haciendo la paz con el imperialismo y los enemigos internos del pueblo, como lo hicieron las guerrillas de El Salvador y Guatemala y como lo están haciendo las guerrillas colombianas; o convertidos nuevamente en lacayos de los imperialistas yanquis después de conquistar el poder, como en el caso de los sandinistas en Nicaragua, dicho sea de paso, los sandinistas persiguieron, encarcelaron y asesinaron a los comunistas inmediatamente después de derrocar a Somoza en 1979, cuando estos denunciaron su traición a las promesas hechas a los obreros y campesinos.
Pero esta no es una desgraciada casualidad, como pueden argumentar los seguidores de Castro, sino el resultado inevitable de separar la lucha de la liberación nacional de la lucha de la clase obrera por el socialismo; de pretender convertir el antiimperialismo en un programa aparte; a esto era a lo que se referían Lenin y la Internacional Comunista, y a esto obedeció la polémica del dirigente comunista peruano José Carlos Mariátegui contra la confusión surgida alrededor de la Alianza Popular Revolucionaria Americana – APRA del Perú, en la segunda década del siglo pasado; como se sabe, el APRA, que en la época de Mariátegui decía ser antiimperialista, y al que algunos comunistas calificaron de Kuomintang latinoamericano, también es ahora un partido burgués proyanqui en el Perú.
Con disculpas al lector por lo extenso del texto, publicamos apartes de las tesis Sobre el Antimperialismo de Mariátegui a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana (Internacional Comunista) realizada en Montevideo en 1929:
“La divergencia fundamental entre los elementos que en el Perú aceptaron en principio el A.P.R.A. —como un plan de frente único, nunca como partido y ni siquiera como organización en marcha efectiva y los que fuera del Perú la definieron luego como un Kuo Min Tang latinoamericano, consiste en que los primeros permanecen fieles a la concepción económico-social revolucionaria del antimperialismo, mientras que los segundos explican así su posición: ‘Somos de izquierda (o socialistas) porque somos antimperialistas’. El antimperialismo resulta así elevado a la categoría de un programa, de una actitud política, de un movimiento que se basta a sí mismo y que conduce, espontáneamente, no sabemos en virtud de qué proceso, al socialismo, a la revolución social. Este concepto lleva a una desorbitada superestimación del movimiento antimperialista, a la exageración del mito de la lucha por la ‘segunda independencia’, al romanticismo de que estamos viviendo ya las jornadas de una nueva emancipación.
[…]
El antimperialismo, para nosotros, no constituye ni puede constituir, por sí solo, un programa político, un movimiento de masas apto para la conquista del poder. El antimperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesía y pequeña burguesía nacionalistas (ya hemos negado terminantemente esta posibilidad) no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses.
… El asalto del poder por el antimperialismo, como movimiento demagógico populista, si fuese posible, no representaría nunca la conquista del poder por las masas proletarias, por el socialismo. La revolución socialista encontraría su más encarnizado y peligroso enemigo —peligroso por su confusionismo, por la demagogia—, en la pequeña burguesía afirmada en el poder, ganado mediante sus voces de orden.”
He ahí la razón más profunda de por qué los gobernantes cubanos ahora, luego de que los imperialistas rusos mostraron su verdadera cara, abren las puertas de la isla al capital financiero, a los grandes monopolios y compañías imperialistas de América, Europa y Asia, y por qué el interés de restablecer las relaciones con su antaño enemigo, el imperialismo estadounidense. He ahí en qué termina el nacionalismo como programa.

Otros editoriales y artículos de Revolución Obrera órgano de la Unión Obrera Comunista (MLM) de Colombia, disponibles en el blog de Gran Marcha Hacia el Comunismo:

*Editorial – Al respaldo imperialista a la farsa de paz ¡Unir y generalizar la lucha, preparar la Guerra Popular! ( 15 de Marzo 2015)

*8 de Marzo ¡El triunfo de la Revolución Proletaria es inconcebible sin la participación de la mujer! (2 de marzo 2015)

*¿La pacificación propuesta por las FARC a quien sirve? (21 de Febrero 2015)

*En Colombia: pacifismo armado. En la India Guerra Popular (23 Enero 2015)

*¿Qué es la Federación Sindical Mundial (FSM)? (1º  de Agosto 2014)

*Las guerras de rapiña imperialista deben ser enfrentadas con la guerra revolucionaria de masas (21 de agosto 2014)

*Editorial – ¡Contribuir a la unión y generalización de las luchas del pueblo!

*A cien años de la Primera Guerra Mundial imperialista (4 de Julio 2014)

*¡Contra la mentirosa paz de los ricos y la farsa electoral: NO VOTAR, UNIR Y GENERALIZAR LA LUCHA OBRERA Y POPULAR  (8 de Junio 2014)

*A propósito de la muerte de Gabo. Cuando murió hacía mucho tiempo que lo habíamos enterrado

*La Comuna de París: Primer Estado proletario (14 de Marzo 2014)

*La emancipación de la mujer exige su participación en la construcción del Partido (28 de Febrero 2014)

*Editorial – Paz y elecciones: Dos grandes farsas de los explotadores (17 de Febrero 2014) 

Anuncios