Las grandes lecciones de la Comuna de París (y II)

Nota – Con ocasión del 142º aniversario del alzamiento de la Comuna de París, presentamos la segunda y última parte del artículo de Cheng Chih-szu titulado “Las grandes lecciones de la Comuna de París en conmemoración de su nonagésimo aniversario”, publicado originalmente en Revista de Pekín, núm. 16 (15 de abril de 1966), pp. 23-29 (traducido de un artículo de Bandera Roja, núm. 4, 1966) y reproducido en el libro de David Milton, Nancy Milton y Franz Schurmann China Popular, Fondo de Cultura Económica, México D.F. 1977, pp. 161-172. El texto ha sido transcrito por Gran Marcha Hacia el Comunismo. Marzo 2013.

El proletariado debe permanecer en guardia contra las falsas negociaciones de paz del enemigo, pero al mismo tiempo prepararse para la guerra y utilizar dobles tácticas revolucionarias para tratar con dobles tácticas contrarrevolucionarias.

La Comuna de París nos ha legado grandes e inspiradoras lecciones. Muchas son positivamente valiosas; otras ofrecen la enseñanza de la amarga experiencia.

La dirección de la comuna la compartieron blanquistas y proudhonistas. Ni unos ni otros fueron partidos revolucionarios del proletariado. Ni unos ni otros conocían el marxismo, y ambos carecían de experiencia en la conducción del proletariado a la revolución. Impulsados por el proletariado, hicieron correctamente algunas cosas; pero a causa de su carencia de conciencia política, también cometieron muchos errores. Uno de los más importantes de estos errores fue el de caer inocentemente víctimas de las fraudulentas negociaciones de paz del enemigo, mientras éste se preparaba realmente para la guerra. Los comuneros tenían al enemigo clavado en la pared, pero no supieron aprovechar y proseguir su ataque victorioso hasta el fin y barrer con sus enemigos. Dejaron que el enemigo ganara espacio para respirar bajo la cubierta de sus ficticias negociaciones de paz y, con el tiempo, los versalleses fueron capaces de reorganizar sus fuerzas y contratacar. Los comuneros tuvieron la oportunidad de extender su victoria revolucionaria, pero dejaron que se les escurriera entre los dedos…

Mientras Versalles afilaba sus cuchillos, París se ocupaba en ganar votos; mientras Versalles se preparaba para la guerra, París sostenía conversaciones. El resultado fue que los bandidos de Versalles, con sus cuchillos de carnicero, entraron en Paris. Fusilaron a los soldados y miembros de la comuna que capturaron; fusilaron a los refugiados que habían buscado asilo en las iglesias; fusilaron a soldados heridos en los hospitales; fusilaron a ancianos obreros, alegando que estos sujetos habían causado repetidos alzamientos y eran, por tanto, empedernidos criminales; fusilaron a mujeres trabajadoras aduciendo que se trataba de “incendiarias” y que ellas sólo parecerían mujeres “una vez muertas”; fusilaron a hijos de obreros, pues decían que “al crecer se convertirían en insurgentes”. Esta carnicería, a la que los versalleses llamaron “cacería”, duró todo junio. París rebosaba de cadáveres, el Sena era un río de sangre, y la comuna fue ahogada en este mar de sangre. Más de treinta mil personas fueron asesinadas y otras 100 mil encarceladas  o enviadas al destierro. Este fue el pago que Versalles dio a París por su “benevolencia” y “magnanimidad”. Así fue como Versalles puso fin a sus tramposas conversaciones de paz y auténticos preparativos de guerra. Fue una amarga lección escrita con sangre, y nos enseña que el proletariado debe llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias; que al enemigo que huye hay que perseguirlo y aniquilarlo; que las ratas a punto de ahogarse deben ser golpeadas hasta matarlas; que no debe darse al enemigo oportunidad para que recobre su aliento.

Si podemos decir que, hace noventa y cinco años, la mayoría de los miembros de la comuna no vieron a tiempo que tras la trampa de las falsas conversaciones de paz de Thiers se ocultaban genuinos preparativos de guerra, podemos pensar que ello se debió a la falta de experiencia y conocimientos suficientes por parte dl proletariado. Ahora, sin embargo, sabemos muy bien que todo lo que hacen Jruschov y sus revisionistas para ayudar a los Estados Unidos en sus intentos de preparar la agresión, embozados en la capa de alegados deseos de paz, no se debe ciertamente a falta de experiencia y conocimiento. Los revisionistas de Jruschov se han colocado por completo en la posición de renegados y colaboran con los imperialistas de los Estados Unidos con el fin de estrangular el movimiento revolucionario del proletariado y el de liberación de las naciones oprimidas mediante hipócritas tácticas contrarrevolucionarias. Sin embargo, los tiempos progresan, los pueblos avanzan y la revolución marcha adelante. El pueblo revolucionario aprende cada vez mejor cómo aplicar tácticas revolucionarias dobles para oponerse a tácticas contrarrevolucionarias dobles, y cómo llevar la revolución hasta el fin. Los imperialistas, revisionistas y todos los contrarrevolucionarios juntos, con todas las variedades de duplicidad táctica contrarrevolucionaria, acabarán siendo arrojados por los pueblos al cubo de la historia.

Conmemorando el vigesimoquinto aniversario de la comuna, Engels escribía: “Que la burguesía celebre su 14 de julio o su 22 de septiembre. La fiesta del proletariado en todos los países será siempre el 18 de marzo”.

Hoy, al conmemorar el festival del proletariado –el nonagésimoquinto aniversario del alzamiento de la Comuna de París- si echamos una mirada al mundo veremos una situación revolucionaria mayor en que “los cuatro mares se levantan, y se embrevecen las nubes y las aguas; los cinco continentes se estremecen y rugen el viento y la tempestad”. La historia ha verificado plenamente la predicción que Marx hiciera hace noventa y cinco años, cuando dijo: “Más aún cuando la comuna fuera derrotada, la lucha sólo quedará aplazada. Los principios de la comuna son eternos y nada puede destruirlos; reaparecerán  por sí mismos una y otra vez hasta que la clase obrera alcance su liberación”. “La Comuna de París pude caer, pero la revolución social por ella iniciada triunfará. El lugar de su nacimiento está en todas partes”.

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